Unas cuentas públicas fiadas a una economía que evoluciona a buen ritmo

Los Presupuestos de 2018 son moderadamente expansivos y electoralmente inteligentes

El secretario general de GPP Jose Antonio Bermúdez de Castro, junto al portavoz de Presupuestos del Grupo Popular en el Congreso, Jaime de Olano, a su llegada a la rueda de prensa que han ofrecido en la cámara baja para analizar los Presupuestos para el 2018.
El secretario general de GPP Jose Antonio Bermúdez de Castro, junto al portavoz de Presupuestos del Grupo Popular en el Congreso, Jaime de Olano, a su llegada a la rueda de prensa que han ofrecido en la cámara baja para analizar los Presupuestos para el 2018.

El proyecto de Presupuestos Generales de 2018, aprobado ayer por el Gobierno, ha nacido inmerso en un clima político preelectoral, todavía caldeado por la crisis catalana y con ciertas dosis de incertidumbre, pero lo han hecho también en una coyuntura económica rebosante de optimismo. La aprobación parlamentaria de estas cuentas públicas depende antes de nada de la aritmética de partidos, que se concreta de momento en el pacto con Ciudadanos y necesitará de otro posible acuerdo, todavía en el aire, que permita recabar el apoyo imprescindible. Pero su éxito sobre el terreno está directamente relacionado con unas previsiones de crecimiento que a priori parecen más que razonables, y que si se cumplen, colocarán a España un año más como la economía más pujante entre las grandes de la zona euro.

El Gobierno se ha apoyado en una revisión al alza del crecimiento de la economía de hasta el 2,7% del PIB para poner sobre la mesa unos Presupuestos sólidos, moderadamente expansivos y en clave electoral, como demuestran los guiños que contienen dirigidos a trabajadores, funcionarios y pensionistas de rentas bajas, fruto en parte de las negociaciones con el partido de Albert Rivera.

Las cuentas aprobadas ayer van, sin embargo, más allá, al elevar hasta el 3% las pensiones mínimas y no contributivas. A todo ello se une una rebaja de impuestos cuya factura estará en torno a 2.000 millones de euros y que beneficia también a asalariados y pensionistas con bajos ingresos, además de otras medidas, como el aumento del salario de los funcionarios públicos.

Los cálculos del Gobierno pasan por compensar este repunte del gasto público con un sustancial aumento de los ingresos tributarios, de un 6%, que de cumplirse constituiría la mayor cifra de la historia. El Ejecutivo fía así las cuentas al músculo que ha ido ganando la economía española y al buen clima general de la actividad internacional, pero también, y de forma muy destacada, a la mejora notable de la inversión empresarial.

El desapalancamiento de familias y empresas ha permitido alimentar con solidez la inversión privada e impulsar la demanda interna en España, lo que se suma a un sector exterior que en los últimos años se ha consolidado como un verdadero motor de crecimiento. Con una crisis catalana que se considera económicamente casi amortizada, las únicas nubes que pueden empañar el cuadro macroeconómico y, por tanto, el éxito de estos Presupuestos son los riesgos geopolíticos, como el que supone el avance creciente del proteccionismo comercial. El reto está en capear cualquier posible turbulencia sin perder de vista que España debe cumplir este año, como lo ha hecho el pasado, con el objetivo de consolidación fiscal pactado con Bruselas.

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