La inversión extranjera busca la seguridad jurídica y huye del riesgo político

Mientras los independentistas siguen sin lograr un acuerdo, la vida continúa, y la económica lo hace con gran actividad

El expresidente de la Generalitat e Cataluña, Carles Puigdemont, tras la conferencia de prensa ofrecida Ginebra (Suiza).
El expresidente de la Generalitat e Cataluña, Carles Puigdemont, tras la conferencia de prensa ofrecida Ginebra (Suiza).

El debate sobre el impacto económico que la crisis secesionista está dejando en Cataluña se aclara sustancialmente cuando se deja de lado la dialéctica política y se recurre a los datos. En el caso de la inversión extranjera, las cifras más recientes revelan que el conflicto independentista se ha dejado sentir severamente en la comunidad autónoma en términos de confianza del capital foráneo, lo que se refleja en una caída del 40% de la inversión bruta, hasta los 3.093 millones de euros, 2.045 millones menos que en 2016. Si el año pasado Cataluña solo concentró el 13% del total de capital invertido en España, en 2016 ese porcentaje alcanzaba el 20%. La otra parte de la ecuación la constituyen Madrid, País Vasco y Comunidad Valenciana, el club de autonomías que ha aumentado en mayor medida su imán inversor. Mientras Madrid acaparó más del 60% del total del capital que atrajo España el año pasado, lo que supone casi un 25% de incremento respecto a 2016, en el País Vasco ese repunte fue del 70% y en Valencia (la más beneficiada por el movimiento de trasvase que reflejan los datos) nada menos que un 582%.

Estas cifras, extraídas del Registro de Inversiones Extranjeras, son solo una parte de la seria factura que ha dejado en Cataluña la deriva separatista que ha desembocado en la vulneración de la legalidad constitucional y en la ruptura del marco democrático. Un roto económico al que hay que sumar otros movimientos de éxodo, como el de las numerosas e importantes compañías que en los últimos meses han trasladado su sede social o fiscal fuera de la comunidad. Mientras los independentistas, enzarzados en una dinámica de reino de taifas, siguen de momento sin desbloquear la investidura a la presidencia de la Generalitat, la vida sigue y la vida económica, por su parte, lo hace con gran actividad. Los políticos catalanes parecen haber olvidado una vieja verdad económica suficientemente probada, la que afirma que el dinero gusta de la seguridad jurídica y huye del riesgo político. Ya es hora de recordarlo firmemente y de actuar en consecuencia, antes de que el daño deje cicatrices permanentes.

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