Combatir la discriminación de la mujer no solo es justo, sino beneficioso

Generaría además un motor de de riqueza y aminoraría las tensiones sobre el sistema de bienestar o las pensiones

8 de marzo
Un grupo de unas sesenta periodistas parlamentarias, que trabajan habitualmente en el Congreso de los Diputados, se han fotografiado en la sala de prensa de la Cámara Baja para mostrar su apoyo a la huelga del Día Internacional de la Mujer.

El día internacional de la mujer que se celebra hoy viene acompañado de una movilización sin precedentes contra la discriminación por razón de sexo que se sufre en la vida laboral y en muchos otros campos. En España se ha convocado una huelga general de trabajadoras (parcial o total, según los sectores y los convocantes) que quiere llamar la atención sobre la brecha salarial, el techo de cristal, la mayor precaridad del empleo femenino, la penalización de la maternidad y las dificultades para la conciliación. Avanzar en este sentido puede requerir cambios legales y en la negociación colectiva, pero sobre todo implantar una nueva cultura empresarial más atenta a la diversidad y una modernización de las relaciones laborales. Y algunos de estos problemas requieren también asumir cambios de otro tipo, por ejemplo lo que se refiere al reparto de tareas en el hogar y a la implicación de los varones en las cargas de la paternidad. Además, por supuesto, es prioritario combatir la exposición de la mujer a delitos manifiestos, como sería el abuso sexual o la violencia de género.

En los últimos días se han conocido multitud de informes que revelan que la igualdad que proclaman las leyes no se corresponden con la vida real. Las mujeres se ven lastradas en su empleo por prejuicios todavía extendidos (conscientes o inconscientes), por la interrupción en su progreso profesional una vez que son madres, por una tradición en la oficina que las empuja a dar un paso al lado, y por una política de selección de cargos intermedios, ejecutivos o en consejos de administración con tics del pasado.

La de la igualdad no es solo una casua justa. Además ayudaría a mejorar el funcionamiento de la economía. Sería importante lograr, como ha ocurrido en otros países, una elevada tasa de ocupación femenina y una mayor tasa de natalidad, lo que pasa evidentemente por dar un impulso a la conciliación. Ello sería un motor de de riqueza y aminoraría las tensiones sobre el sistema de bienestar o las pensiones. Además, no es cuestión menor, una cultura más integradora en los órganos ejecutivos es positiva en sí misma: la diversidad hace más ricos los debates y es una ayuda para tomar mejores decisiones.

La movilización de las mujeres en defensa de sus derechos está siendo uno de los fenómenos globales más llamativos del siglo XXI. Las causas más profundas de la discriminación no van a resolverse de una vez, pero de todos depende dar pasos decididos hacia un fin irrenunciable.

Normas