Una industria que se despide del diésel y mira a un futuro de tecnología limpia

El coche eléctrico es la gran apuesta que no podrá ignorar ninguna marca que aspire a mantener el liderazgo

Un Toyota Aygo presentado durante la jornada abierta a la prensa de la 88 edición del Salón Internacional del Motor de Ginebra (Suiza).
Un Toyota Aygo presentado durante la jornada abierta a la prensa de la 88 edición del Salón Internacional del Motor de Ginebra (Suiza).

El imparable retroceso del diesel y las consecuencias que esa caída tendrá para la industria del automóvil es uno de los temas que centrarán este año el salón del automóvil de Ginebra, que en esta edición llega repleto de novedades – se presentarán 110 primicias mundiales y europeas– y de resultados récord por parte de las principales marcas. Los datos no dejan dudas sobre cúal es la tendencia en el mercado: las matriculaciones se han dado la vuelta y la gasolina ya supera ya al diésel, la tecnología que llegó a ser la gran apuesta europea y a acaparar el 70% del parque.

Lo que ha herido de muerte al diésel no ha sido un simple cambio de tendencia en el mercado, sino una conjunción de factores. El primer golpe se lo propinó el dieselgate, el gigantesco escándalo de emisiones que se destapó en Volkswagen y salpicó después a otras compañías en EEUU y Europa, y cuyo principal efecto ha sido derribar el mito de que era un combustible más limpio que la gasolina. A ese tsunami de imagen y de confianza hay que sumar la creciente ofensiva regulatoria contra las denominadas tecnologías sucias, uno de cuyos objetivos es desterrar el diesel por sus serios efectos medioambientales. El último ejemplo hasta el momento de esa tendencia ha sido la decisión de Roma de prohibir esta tecnología en 2024 o el respaldo de los tribunales alemanes a los límites que han impuesto varias ciudades del país.

Pese al crecimiento de las matriculaciones, la gasolina no es una opción exenta de problemas, dado el endurecimiento de las emisiones de CO2 que Europa aplicará en y que pueden provocar sanciones de cifras multimillonarias. La industria mira, por tanto, al coche eléctrico como modo de despejar la ecuación y como futuro de un mercado que estará cada vez más regulado en cuestiones medioambientales. De momento la cuota de mercado de los vehículos limpios es todavía pequeña, pero son la gran apuesta que no puede ignorar ninguna marca que aspire a mantener su liderazgo. Entre los debates que se generarán estos días en Ginebra estará cómo gestionar esos cambios de forma gradual, eficaz y ordenada.

 

 

 

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