Italia expone a Europa a un nuevo bipartidismo de los extremos

5 Estrellas y la Liga desbordan por la izquierda y la derecha a los partidos tradicionales

El nuevo escenario complica la formación de Gobierno y socava los cimientos de la UE

elecciones italianas
El líder de 5 Estrellas, Luigi Di Maio, besado por un periodista en la rueda de prensa de este lunes sobre los resultados de las elecciones. (AP/Andrew Medichini)

Los países viejos llegan antes al futuro. Italia inició la era del Trumpoceno dos décadas antes que EE UU, con el triunfo electoral en 1995 de Silvio Berlusconi, un magnate desideologizado que, como el actual presidente estadounidense, maniobró a la sombra de las fuerzas progresistas hasta que saltó a la palestra al frente de un nacional-populismo de tinte personal.

El país transalpino ha pasado esa página este domingo, con unas elecciones generales que han relegado a Berlusconi a cuarta fuerza política. Y tras un laborioso y tortuoso recuento de papeletas con doble sistema de elección, ha amanecido el 5 de marzo en la era del bipartidismo de los extremos, un fenómeno que acaba con la tradicional alternancia entre la democracia cristiana y los socialdemócratas.

El probable futuro de Europa ya es presente en Italia. Y augura tremendas dificultades tanto para formar gobierno a nivel nacional como para la convivencia en un club comunitario fundado sobre dos cimientos políticos que ahora se desmoronan.

Las fuerzas italianas integradas en el Partido Popular Europeo (Forza Italia) y en Socialistas y Demócratas europeos (Partido Demócrata) sumaron el domingo el 32% de los votos, el mismo porcentaje que logra en solitario el Movimiento 5 Estrellas (M5S), convertido bajo el liderazgo de Luigi di Maio en el catalizador de un voto de protesta, eurorreticente y antiguamente alineado con la izquierda. En el otro extremo, la Liga, con casi el 18% de los votos, arrebata a Forza Italia el liderazgo de los conservadores y lo lleva hacia posiciones ultraderechistas, eurófobas y xenófobas.

El líder de la Liga, Matteo Salvini, ha asegurado este lunes que mantendrá la alianza con el partido de Berlusconi para intentar formar gobierno. Esa coalición, sin embargo, se ha quedado en torno al 36% de votos, cuatro puntos por debajo de lo que, en teoría, les daría la mayoría absoluta. Y la presencia en esa coalición de fuerzas aún más extremas que la Liga, como Fratelli d'Italia, hace difícil la colaboración con otros partidos más centrados.

El ganador de las elecciones, M5S, tampoco lo tiene fácil. Di Maio ha cantado victoria y ha reclamado el poder. "Somos una fuerza política que representa a todo el país, esto nos proyecta automáticamente hacia el Gobierno de Italia", ha proclamado el líder actual del movimiento fundado por Beppe Grillo hace solo ocho años.

Sus más de 10 millones de votos, casi el doble que el PD de Matteo Renzi, que dimitió a última hora del lunes, le permiten reivindicar ese papel central. Pero el resto de partidos parecen dispuestos a interpretar el éxito de M5S como una rotonda que intentarán sortear, por un lado o por otro, para formar gobierno cuando el presidente de la República, Sergio Mattarella, inicie las consultas el próximo 23 de marzo.

La táctica de ignorar a 5MS, sin embargo, comporta el serio riesgo de soliviantar a un electorado que el año que viene deberá pronunciarse en las elecciones europeas y que más temprano que tarde podría ser convocado de nuevo a unas elecciones nacionales dada la difícil gestión del resultado de este domingo. Di Maio ha recordado que "hay regiones enteras en las que más de uno de cada dos ciudadanos nos ha votado, en algunas hemos alcanzado el 75 por ciento". El dominio de M5S es casi absoluto en todo el sur del país

Impacto en Europa

La formación de un nuevo gobierno se antoja tan larga y tortuosa como el recuento de papeletas. Pero eso no es gran novedad en un país tan acostumbrado a la inestabilidad gubernamental como Italia, que ha tenido casi 70 gobiernos y más de 40 primeros ministros desde el final de la Segunda Guerra Mundial (en ese tiempo, Alemania ha tenido 9 cancilleres).

Lo novedoso es que las dos fuerzas tradicionales de centro derecha y centro izquierda han perdido el protagonismo. Y aunque siguen siendo imprescindibles para la gobernabilidad del país, ya no pueden pasarse la batuta entre sí como hasta ahora.

El cambio tendrá grandes repercusiones en el resto de Europa, porque la tercera economía de la zona euro se ha decantado por fuerzas claramente más euroescépticas que las tradicionales. "La Unión Europea va a pasar una mala noche", se regocijaba la líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, nada más cerrarse los colegios electorales en Italia a las 11 de la noche.

El euro desparecerá "no porque lo quiera yo sino porque lo dicen muchos", pronostica el líder de Liga

 

A favor de la UE juega que las dos fuerzas emergentes, M5S y Lega, se han visto obligadas a moderar su lenguaje euroescéptico y sus propuestas más rompedoras como el abandono de la zona euro. La idea de un referéndum para recuperar la lira parece olvidada aunque Salvini, como el Frente Nacional francés y Alternativa para Alemania, insiste en que el euro está llamado a desaparecer por sí solo. "No porque lo quiera yo, sino porque lo dicen muchos", ha pronosticado este lunes el líder de la Lega.

Para Bruselas, de momento, se complica la reforma de la zona euro, que se pretendía pactar en la próxima cumbre de junio a partir de las propuestas consensuadas por Macron y el nuevo Gobierno de Angela Merkel. La probable presencia de un gobierno en funciones en Roma durante varios meses condicionará el ritmo de unas reformas que pretenden pasar la página de la crisis financiera y fortalecer la Unión Monetaria para evitar una nueva catástrofe de tamañas dimensiones.

En contra de Italia juega, sin embargo, la renovada fuerza del eje franco-alemán, que parece dispuesto a dejar en la cuneta a los países que, por un motivo u otro, se resistan a avanzar en la integración económica de la zona euro.

Merkel espera iniciar este mismo mes su cuarto mandato tras el respaldo este domingo de las bases socialistas (SPD) a una gran coalición con los conservadores de la CDU. El nuevo ejecutivo alemán parte con vocación de entenderse con Macron para iniciativas pioneras como la armonización del impuesto de sociedades a nivel bilateral para arrastrar luego a los socios que deseen sumarse.

El país de 5 Estrellas y la Liga no parece encajar en el plan del eje Merkel IV-Macron. Italia podría pasar de país fundador de la UE y de la Unión Monetaria a socio marginal y aparcado junto a lastres como la Polonia de Kaczynski o la Hungría de Orbán. Un futuro poco prometedor pero que parece no asustar a un país acostumbrado a vivir siempre en un presente político convulso.

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