Ginebra, el último momento de tregua para el motor

El Salón del Automóvil de Ginebra celebra la estabilidad económica de las empresas

La inestabilidad política y los retos de futuro planean sobre la conversación

El modelo SUV Volvo XC40 seleccionado como mejor coche del año en Europa en la jornada previa a la inauguración del Salón Internacional del Automóvil de Ginebra.
El modelo SUV Volvo XC40 seleccionado como mejor coche del año en Europa en la jornada previa a la inauguración del Salón Internacional del Automóvil de Ginebra. EFE

Recórd histórico, cifra récord, al más alto nivel. Adjetivos como estos han acompañado las presentaciones de resultados recientes de marcas como Volkswagen, Daimler, PSA, Renault-Nissan… Las automovilísticas celebran, a lo largo y ancho del planeta, la recuperación económica de los mercados maduros, la vuelta al crecimiento de regiones como Rusia o Brasil o el crecimiento imparable de economías ya emergidas como China, India o Latinoamérica.

Además, el Salón del Automóvil de Ginebra suele ser el más pacífico y neutral de las muestras automovilísticas europeas. Mientras que en París o Francfort, las automovilísticas francesas y alemanas pujan por demostrar músculo y poderío en sus casas natales, Suiza es relativamente más pequeño y más equilibrado en espacio de exhibición. Este año, se mostrarán alrededor de 900 vehículos a los más de 10.000 periodistas acreditados, de los que 110 serán primicias mundiales y europeas. Se esperan, en las jornadas abiertas al público del 8 al 18 de marzo, unos 700.000 visitantes de todo el mundo.

Y aun así, son tiempos de sonrisa congelada y mucha preocupación en el ambiente. El debate sobre la supervivencia o no del diésel en Europa pasa de ser una premisa de futuro a una realidad patente, después de que las matriculaciones en el Viejo Continente se hayan dado la vuelta en 2017 y la gasolina haya superado al diésel en nuevas entregas. Las ciudades y países redoblan sus políticas antidiésel. Los últimos: Roma, que prohibirá la entrada en 2024 y los tribunales alemanes, que han dado carta de validez a estas limitaciones en sus ciudades.

Mucha preocupación porque, al mismo tiempo, la Unión Europea endurece el límite de emisiones de CO2 permitidas para 2030 de 130 gramos en 2020 a 95 gramos de CO2 por kilómetro recorrido en 2030. Si los consumidores además eligen diésel, el arma de las automovilísticas para reducir el CO2, las empresas tienen un problema doble. No se pueden permitir que sus ventas de motores de gasolina se disparen porque si incumplen la normativa, las multas pueden ser multimillonarias.

Pero el consumidor quiere todocaminos (SUV, por sus siglas en inglés). Estos modelos son fuertes consumidores de diésel y sin embargo, acaparan una cuota de mercado mundial del 34%, según los últimos datos de la consultora especializada Jato Dynamics. Y para rizar este rizo, llegan a Ginebra los todocaminos eléctricos, como el Jaguar I-Pace y el Hyundai KONA EV, la respuesta de las marcas a esta disyuntiva y a la apuesta de Tesla por el Model X, su todocamino eléctrico de lujo.

Tesla es por cierto una de las grandes ausentes del Salón de Ginebra de este año junto con Cadillac, Chevrolet, Opel, Infiniti o DS. La más sorprendente, según los expertos, es la de Infiniti, la marca de lujo de Nissan, que suele apostar por estos eventos. Sin embargo, Nissan ya ha optado en ocasiones anteriores por no asistir al Salón y celebrar su propio evento de marca, lo que puede ser una tendencia de grupo. Cadillac y Chevrolet tienen poca presencia en Europa y GM no está en el mejor momento financiero ni su apuesta por Europa es fuerte tras la venta de Opel. Enseña ésta última, por cierto, que tampoco acude, en plena reorganización de la marca tras su fusión con PSA (Peugeot Citroën y DS) La marca de lujo francesa DS tampoco asistirá.

La falta de estos grandes nombres ha permitido por un lado ganar espacio de exposición a otras marcas como Aston Martin o Jaguar Land Rover pero además, ha abierto la puerta europea a las pujantes marcas chinas que quieren mostrar su poderío, sobre todo eléctrico.

Y la última sorpresa no ha sido ni mucho menos agradable. Sin duda, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, estará muy presente en los pasillos de Ginebra después de anunciar este fin de semana que impondrá aranceles a los coches europeos que se vendan en EE UU. El presidente inició la semana pasada una guerra comercial al asegurar que colocará tasas a la importación de acero y aluminio, una guerra que él mismo consideró “fácil de ganar”. Como respuesta, la Unión Europea aseguró que incrementará las barreras de importación a artículos estadounidenses y tras esto, Trump la tomó con los coches, uno de sus caballos de batalla más importantes en su política proteccionista. Habrá que ver cómo responde la industria a su última amenaza.

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