Una bandera hongkonesa y una china frente a la sede del Gobierno local de Hong Kong.
Una bandera hongkonesa y una china frente a la sede del Gobierno local de Hong Kong. REUTERS

Pekín permitirá la quiebra de los gobiernos locales

La tolerancia de Pekín se ha acabado tras el disparo de la deuda

Los inversores en bonos chinos deberían prepararse para una desagradable sorpresa este año. La tolerancia de Pekín con los préstamos municipales fuera de balance se ha desvanecido a medida que los niveles de deuda se han disparado. Los reguladores van a permitir lo que antes era impensable: un gran incumplimiento por parte de los gobiernos locales de los vehículos de financiación (LGFV, por sus siglas en inglés). Estos se hicieron populares en China durante la crisis financiera mundial. La ley de presupuestos impedía que las entidades locales se endeudaran pero, con la complicidad del Gobierno central, crearon miles de entidades que podían recaudar dinero para seguir creciendo.

Nueve años después del colapso de Lehman Brothers, estas estructuras siguen en el negocio. Tienen bonos por valor de 600.000 millones de dólares emitidos en el país en los últimos dos años, el equivalente al 5% del PIB, y siguen con problemas.

En 2014, Pekín intentó abordar la situación revisando la ley de presupuestos y lanzando un mercado de bonos municipales. Pero a medida que la economía empezó a tambalearse en 2014 y en 2015, el Gobierno suavizó el cumplimiento de ley. Ese año, los pasivos de LGFV crecieron un 25% y el ritmo se mantuvo por encima del 20% hasta 2016, según un estudio confidencial del Banco Mundial. También han recurrido cada vez más a los mercados offshore. En 2016, la emisión de bonos offshore de LGFV se duplicó hasta los 12.000 millones de dólares, según datos de Moody’s.

En 2017 la deuda volvió de nuevo a ser el centro de atención y el gobierno reanudó su línea dura. En mayo, seis reguladores financieros se unieron para ordenar a los gobiernos locales que dejaran de emitir “garantías ilegales”. En diciembre, el Banco Central chino hizo pública la idea de dejar quebrar a los gobiernos locales. El siguiente paso natural es permitir el colapso unas entidades destartaladas y dejar que todos miren cómo los inversores pierden dinero.

El mercado de bonos chino, cuyos rendimientos ya están bajo presión debido a la campaña emprendida contra el sistema bancario paralelo, está nervioso. Si bien es poco probable que Pekín tolere una derrota en tierra firme, no será así para las offshore.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Elisa Castillo Nieto, es responsabilidad de CincoDías.

Normas
Entra en EL PAÍS