El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Una disciplina presupuestaria que hay que mantener y consolidar

Todo apunta a que 2017 se cerrará con un déficit público inferior incluso al acordado con Bruselas

España cumplirá este año por primera vez, sin flexibilizaciones ni rectificaciones a posteriori, el objetivo de déficit público pactado con Bruselas. Todo apunta a que 2017 se cerrará con un registro de déficit inferior incluso al 3,1% acordado con la Comisión Europea para ese ejercicio y que el Gobierno cumplirá así el Pacto de Estabilidad de la UE tras un largo y doloroso camino en el que el desfase de las finanzas públicas llegó a alcanzar el 11% en 2009. Remontar esa situación no ha sido fácil. Ha exigido no solo tiempo, sino la aceptación por parte de ciudadanos, empresas e instituciones de una medicina integrada por drásticos recortes del gasto público y subidas impositivas, junto a rebajas de costes y salarios para frenar el deterioro de la actividad. El esfuerzo ha convertido a España en un ejemplo de cómo una economía en caída libre puede iniciar un proceso de recuperación en un tiempo récord.

Las razones que explican el buen comportamiento del déficit en 2017 son heterogéneas. Por una parte, una sólida mejora de los ingresos tributarios, consecuencia de una economía en crecimiento capaz de generar empleo y riqueza y de un consumo que ha vuelto a revitalizarse. A los ingresos hay que unir también el recorte de partidas de gasto importantes, como la que corresponde a las prestaciones por desempleo o la que se refiere a gastos financieros, que se ha reducido por la caída de los intereses que España paga por financiarse en los mercados.

El mapa del saneamiento de las cuentas públicas tampoco resulta homogéneo. Mientras los ayuntamientos constituyen el eslabón más cumplidor y mejor saneado de la cadena –hasta el punto de arrojar superávits–, el Estado central volverá a registrar desvíos en 2017 al tiempo que se mantienen agujeros negros como el de la Seguridad Social, que registrará un déficit cercano al 1,5%. Son desequilibrios que se compensan entre sí y que no impedirán que Rajoy pueda mostrar un expediente de gestión financiera eficiente ante Bruselas. Pero el reto para 2018 será mejorar y consolidar esa disciplina presupuestaria para poder flexibilizar así, poco a poco y con eficiencia, algunas de las partidas más maltratadas del gasto.

Normas
Entra en EL PAÍS