Una mujer saudí habla por teléfono, en Riad (Arabia Saudí).
Una mujer saudí habla por teléfono, en Riad (Arabia Saudí).

La alianza entre Apple y Riad pondrá a prueba sus zonas de confort

Asociarse con el régimen puede perjudicar la imagen del gigante tecnológico

La alianza de Apple y Arabia Saudí puede poner a prueba sus zonas de confort. La gran población y renta del país hacen lógico que el gigante esté en conversaciones para abrir allí una tienda. Atraer una empresa global de vanguardia también haría brillar la campaña de modernización del príncipe Mohammed bin Salmán. Hay riesgos para ambos, especialmente para Riad.

Es fácil ver el atractivo para Apple. El país tiene 33 millones de personas, de las cuales cerca del 60% son menores de 35. También es relativamente rico, aunque con enormes desigualdades. Apple ya tiene tiendas en Australia, Bélgica, Holanda y Taiwán, con menos personas y menos ingresos per cápita.

El príncipe heredero quiere un mejor crecimiento económico y una menor dependencia del petróleo, tanto para legitimar su gobierno de facto como para afrontar la amenaza existencial que supone la energía verde. La imagen importa en política, y tener a Apple en el país, y quizás más artilugios suyos en los bolsillos de los jóvenes, sería un brillante recordatorio diario de los beneficios de la reforma.

Hay riesgos. Es cierto que los productos de Apple no ayudan precisamente a los Gobiernos a oprimir a su gente. Pero asociarse con un país donde las mujeres son ciudadanas de segunda clase y las relaciones entre personas del mismo sexo son ilegales podría dañar la reputación de la firma y su CEO, Tim Cook, y hacer que su defensa de la diversidad parezca hipócrita.

Dar la bienvenida a las tecnológicas occidentales podría aflojar de verdad la correa saudí. La historia está llena de gobiernos autoritarios que afrontan crisis cuando las reformas graduales dan a la población ganas de más, como en la URSS y China en la década de 1980. La primavera árabe llegó con las redes sociales. Apple ha defendido sistemáticamente la privacidad del usuario, y las apps cifradas de los iPhones darán más capacidad para hablar y reunirse con libertad. Pueden parecer preocupaciones remotas: la primera Apple Store puede no abrirse hasta 2019. Por ahora, los gobernantes saudíes probablemente estén más interesados en el simbolismo. Un respaldo de Silicon Valley daría lustre a sus esfuerzos, aunque acabe socavando su autoridad en el futuro.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

Normas