Antonio Cruz: “El Estadio Metropolitano podría haberse hecho en tres años”

Ha liderado el desarrollo arquitectónico del estadio del Atlético

Con su inauguración, Cruz y Ortiz cierra un círculo que empezó en 1991

Antonio Cruz, en el estadio Wanda Metropolitano
Antonio Cruz, en el estadio Wanda Metropolitano

Hace 40 años, Antonio Cruz y Antonio Ortiz, compañeros de carrera, fundaron el estudio de arquitectura sevillano Cruz y Ortiz. Un tiempo en el que se han enfrentado a todo tipo de proyectos, pero el último cierra un círculo de 26 años. Es el estadio Wanda Metropolitano, propiedad del Atlético de Madrid. Lo que en 1991 empezó como un boceto de estadio olímpico, y en 1994 tomó forma con la conocida como grada de la Peineta, acabó el 16 de septiembre de este año, tras multitud de vaivenes. Antonio Cruz (Sevilla, 1948) ha llevado el día a día del proyecto, reconocido como mejor obra municipal de Madrid y con la final de la Champions de 2018.

¿Es un alivio acabar una obra así?

Es una satisfacción. Da un poco de nostalgia por los momentos en los que has controlado la obra. Estás trabajando en él y, de repente, el público lo invade todo y el edificio pasa a formar parte de él. Es una sensación conocida. Esto ocurre, ya que los procesos son largos, estamos acostumbrados a obras que duran mucho tiempo.

¿En qué se han centrado tras inaugurarlo?

En que no pase nada, que no haya fallos importantes, que todo ocurra como estaba previsto. También en las cuestiones de circulación y de funcionamiento. Aunque todo esto está estudiado, hay que comprobar que la gente entienda el edificio, la señalización, encuentre su sitio, su salida... De hecho, tenemos gente del estudio que se coloca en distintos puntos críticos del estadio en los partidos.

Antonio Cruz: “El Estadio Metropolitano podría haberse
hecho en tres años”

¿La aceptación del público les preocupaba?

Es un reto añadido. Los propios resultados marcan a los edificios: que la gente perciba que traen buena suerte. Eso te da un plus de preocupación de algo que ya no controlas. En el fútbol hay muchas emociones, hay cosas a las que no sabes cómo se va a reaccionar. Que estén abiertas las esquinas, por ejemplo, durante un tiempo preocupó y al final ha sido bienvenido porque se ha entendido como un pequeño recuerdo del Calderón.

Los propios resultados marcan a los edificios: que la gente perciba que traen buena suerte

¿Cuánto le queda para estar acabado?

Es un poco imprevisible, depende de la velocidad con la que trabaje la empresa constructora [FCC]. Le puede quedar tres meses o algo más, dependiendo.

Ha llevado seis años de obra que el Atlético pueda jugar aquí y, pese a ello, se llegó contra reloj al primer partido. ¿La obra se ejecutó al ritmo deseado?

Hubiéramos preferido un ritmo más fuerte en los años previos, y no tener un rush final tan estresante y tan fuerte. Que las cosas se hubieran hecho de forma más razonable. Pero ha sido un proceso muy complicado desde el punto de vista empresarial. La complejidad de los acuerdos, los permisos municipales, la venta de la parcela... Había como una falta de decisión de todas las partes. Ha ido muy ralentizado, se podría haber hecho en tres años.

¿Temieron que se parara?

Cuando la constructora contrató la cubierta y se hizo un desembolso fuerte para pagarla, fue clave. Ahí ya vimos que no había quien lo parara. Vemos el nuevo Mestalla de Valencia, se quedó en hormigón, y ahí está. Y era un campo muy similar en muchos aspectos de obra de esta envergadura.

¿Qué le diferencia respecto al resto de nuevos estadios que se están haciendo?

Si hay algo que lo caracteriza, desde el punto de vista arquitectónico, es que abandona la línea de los estadios muy homogéneos, donde cubierta y fachada se unifican. El Nido, el Allianz Arena... Aquí las fachadas, los graderíos y la cubierta están voluntariamente diferenciados. Nos gusta que en arquitectura los elementos sean expresivos de su función, no los proyectos unificadores donde no importa si es cubierta o fachada.

¿Qué significa este estadio para Cruz y Ortiz?

Nos da un salto cualitativo, nos demuestra que somos un estudio preparado para una obra de esta envergadura. Habíamos hecho el de Sevilla, que también es muy grande, pero no era exactamente un campo de fútbol.

Su trayectoria siempre ha destacado por una sobriedad formal en sus proyectos.

A mí me gusta la arquitectura donde se usan los medios necesarios. En muchos proyectos hay una sobreactuación formal y material, se emplean más medios de los necesarios. En este estadio se aprecia esa justeza. La cubierta está hecha con materiales adecuados para hacerla: cables y membrana de teflón. No hay ninguno superfluo, tampoco en la grada. Y aun así, hay forma, el estadio es expresivo.

Prefiero la arquitectura de los medios necesarios, no la sobreactuación formal y materialde muchos proyectos

¿Cómo se pasa de un proyecto de 180 millones a, por ejemplo, viviendas públicas?

Es difícil hacer ese balance. Es algo para lo que hay que entrenarse. Y hay que despreciar el factor tiempo, porque hay veces que lo que tiene poco valor económico precisa de una atención mayor para ser resuelta.

¿El arquitecto debe ser humilde?

Es una profesión en la que se necesitan distintas habilidades. Desde las más científicas y matemáticas, a tener una cabeza ordenada, poseer cualidades que te puedan hacer buen gestor o buen empresario, tener control de las formas y saber tomar decisiones. Un arquitecto puede estar ante un edificio con muchos problemas, pero, cuando los resuelve, hay un momento en que debe tomar una decisión personal, casi arbitraria, que hace que el edificio pase a tener un interés formal. Es ahí cuando se pasa a ser un buen arquitecto y no alguien que solo resuelve problemas.

La construcción despega en España, ¿teme que se repitan errores del pasado?

Sí. Se decía que había que abandonar los proyectos fatuos y alejados de la función social, pero parece que no se ha aprendido y se está empezando a caer en el mismo error.

¿Cómo se mantiene una relación profesional de más de 40 años con su socio?

Los que nos conocen se sorprenden de que ante los mismos problemas demos las mismas respuestas. Hemos tenido una formación similar, hemos visto las mismas películas y leído los mismos libros. Todo es bastante natural y no tenemos papeles diferenciados.

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