Una industria del motor que tiene que seguir mirando hacia el futuro

La producción cae un 1% y no alcanzará el objetivo de tres millones de unidades

La industria española del motor ha sido, especialmente en los últimos años, un ejemplo de resistencia, flexibilidad, adaptación y capacidad de recuperación. Ese coctel de cualidades ha permitido al sector soportar la crisis con una fortaleza ejemplar –y una producción exportada en más de un 90% a otros países europeos– así como fijarse como objetivo, hace tres años, la fabricación de tres millones de vehículos anuales. Sin embargo, la industria no alcanzará esa marca este año, el primer ejercicio de cinco que se cierra con una caída en la producción, algo que no se veía desde el 2012. El año 2017 terminará así con 2,87 millones de unidades fabricadas, un 1% menos que en 2016.

Una de las principales razones que explican este tropiezo es el comportamiento del mercado británico, que ha tenido un impacto crucial en los ensamblajes españoles. Los efectos del brexit, evidentes en algunos sectores, explican a priori la caída del 5% en matriculaciones que el país arrastra a lo largo de este año o el descenso de un 12% en las importaciones británicas de coches españoles en el mes de noviembre. No ha sido la única turbulencia internacional que ha impactado en las fabricas; también ha caído la demanda en mercados del Golfo Pérsico, como Arabia Saudí, así como en Asia. En conjunto, un total de seis de las 14 plantas españolas de fabricación de vehículos han reducido su producción.

El hecho de que se trata de un sector de producción fuertemente internacionalizado unido a un contexto global volátil, con distintos índices de crecimiento, explican el balance de la industria este año. Se trata, pese a ello, de una señal preocupante que es necesario analizar a la hora de abordar la política de producción y de costes de las compañías, como también la estrategia de innovación. En este último ámbito hay que apuntar a la demanda creciente de baterías por parte de los grandes fabricantes europeos del motor, una carrera en el que Europa lleva ya un considerable retraso respecto a otros mercados y que marcará, sin duda, el rumbo de la industria en los próximos años.

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