Un marco fiscal flexible, equitativo y eficiente para la economía digital

Las empresas de telecomunicaciones reivindican reglas de juego igualitarias

Eduardo Serra y Alicia Richart, presidente y directora general de DigitalES
Eduardo Serra y Alicia Richart, presidente y directora general de DigitalES

La economía digital necesita un marco regulatorio capaz de adaptarse a una actividad cuya velocidad de transformación es realmente vertiginosa. Conscientes de esa necesidad, una treintena de compañías de telecomunicaciones han creado DigitalES, una nueva patronal tecnológica que pretende convertir a España en un referente europeo del desarrollo digital. Dos son las grandes reivindicaciones que la patronal quiere defender ante el Gobierno. Uno, la mejora del marco fiscal que se aplica a estas compañías y que se traduce en una factura anual de 8.000 millones de euros. Y dos, la aplicación del principio de “a igualdad de servicios, igualdad de reglas” a todas las organizaciones, es decir, el fin de los agravios comparativos que las telecos europeas llevan mucho tiempo denunciando respecto a las grandes multinacionales de internet.

Las empresas que se agrupan en DigitalES argumentan que invierten cada año unos 2.100 millones de euros en I+D+i, una cantidad que podría ser todavía mayor si el sector soportara una carga fiscal más ligera. La patronal señala que la digitalización de la economía es un objetivo que precisa de constantes inversiones y que constituye un bien no solo para las telecos, sino para la economía en general. A ello se suman las quejas sobre el tratamiento regulatorio que reciben los gigantes de internet en Europa y las distorsiones que ese marco introduce en la competencia. Se trata de una reivindicación global de la industria europea, que está generando distorsiones y que Bruselas haría bien en resolver cuanto antes.

No solo las grandes compañías de telecos necesitan un marco fiscal eficiente y flexible, sino también las pequeñas start ups que luchan por abrirse camino en un mercado hiperdesarrollado. Ni el Gobierno ni las empresas deben olvidar que la digitalización de la economía es una revolución imparable que acabará inundando todos los ámbitos. La vitalidad e innovación constante del sector lo convierte en una fuente sostenible de creación de empleo y en un potente motor económico que España no puede permitirse descuidar.

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