Mohamed bin Salmán, el heredero que quiere abrir los ojos de los saudíes

Está haciendo profundas reformas económicas y sociales

Ha creado un organismo para potenciar el ‘entretenimiento’ de la población

Mohamed bin Salmán, príncipe heredero de Arabia Saudí.
Mohamed bin Salmán, príncipe heredero de Arabia Saudí.

Pretende devolver a Arabia Saudí a los años anteriores a 1979, fecha en que los religiosos más conservadores tomaron el mando en el país. El príncipe heredero desde junio de este año, Mohamed bin Salmán (Yeda, 31 de agosto de 1985), ha llegado con ímpetus renovadores a un país anclado en un tradicionalismo extremo. La población joven del país necesita trabajo y él quiere atraer la inversión extranjera, para lo cual debe asimilar, aunque sea ligeramente, las costumbres occidentales.

Debe hacerlo lo suficientemente rápido como para que no se harten las nuevas generaciones, pero lo bastante despacio como para que no se rebelen las viejas. Por lo pronto, retiene en el Hotel Ritz de Riad a varios príncipes y ministros: según la fiscalía, hay 208 detenidos en total, acusados de expoliar 86.000 millones de euros. Sin embargo, los expertos señalan que los retenidos son gente que no está de acuerdo con las reformas.

Bin Salmán tiene un grado en Derecho, y trabajó varios años en el sector privado, antes de convertirse en ayudante personal de su padre, el rey Salmán, cuando este todavía no había ascendido al trono. En 2015 el ahora heredero fue nombrado ministro de Defensa, cargo que mantiene. Como tal, se ha ocupado de la guerra con Yemen. Pero también fue nombrado presidente del nuevo Consejo de Asuntos Económicos y de Desarrollo, desde el cual ha impulsado sus planes económicos, así como la salida a Bolsa de la petrolera estatal, Saudi Aramco.

Uno de sus objetivos es potenciar el papel de la mujer en la sociedad, aunque solo sea para aprovechar su fuerza de trabajo, y acabar con las extremas diferencias que ahuyentan a la inversión extranjera. En una entrevista con The Economist de 2016, reconocía que “hay muchos factores productivos sin utilizar, y la población está creciendo hasta cifras alarmantes. El trabajo de las mujeres ayudará en ambos sentidos”. Bin Salmán desbloqueó en septiembre una medida que llevaba años exigiéndose: las mujeres saudíes podrán conducir vehículos a partir de junio del año que viene.

El conflicto político

El príncipe heredero tiene el control total de cuatro sectores principales del Estado saudí, señala el experto Emilio Escartín: la economía, los medios, la seguridad y el ejército, así como las principales instituciones religiosas.

A juicio de Escartín, la retención de dirigentes saudíes opositores es “probablemente” el preludio de un enfrentamiento militar entre Arabia Saudí e Irán, con el trasfondo del asedio aplastante de los saudíes en Yemen.

Al respecto de la situación política, Bin Salmán se declaraba hace un año en The Economist “fan de Winston Churchill, que dijo que las oportunidades surgen durante las crisis. Recuerdo esa afirmación cada vez que veo los obstáculos o las crisis en la región”.

Está casado desde 2008 con la princesa Sarah bint Mashhoor bin Abdulaziz Al Saud, con la que tiene tres hijos. En su línea aperturista, creó el año pasado una autoridad de entretenimiento, para fomentar las actividades lúdicas de jóvenes y familias. Entre los caprichos que se ha concedido a sí mismo, Bin Salmán compró hace dos años el yate Serene, por 500 millones de euros, al magnate del vodka Yuri Shefler.

Al heredero le gusta codearse con políticos y empresarios occidentales, a quienes ha convocado recientemente a un foro celebrado en Riad, en el que ha presentado su idea de crear Neom, una ciudad en el mar Rojo para los emprendedores y el turismo, con leyes propias –aunque siempre dentro del rigorismo propio de los países musulmanes, como el vecino Emiratos Árabes. “Sería un Dubái gigante”, lo describe Emilio Escartín, profesor adjunto del Máster en Finanzas Islámicas del IE Business School. El objetivo, diversificar los ingresos para no depender tanto del petróleo.

Por lo pronto, Bin Salmán ya ha conseguido que Blackstone y BlackRock anuncien que abrirán oficinas en el país. “La familia real se ha visto forzada, por las circunstancias, a buscar una persona joven que atraiga inversores, algo que hasta la fecha ha sido complicadísimo”, resalta el experto.
Arabia Saudí también se está abriendo en el sentido contrario: invirtiendo en empresas extranjeras, especialmente en el sector tecnológico a través de su fondo soberano –presidido por Bin Salmán–. Ha invertido 3.500 millones de dólares en Uber, y ha firmado un acuerdo con el banco japonés Softbank para crear un fondo de inversión tecnológico, Vision Fund, al que aportará 45.000 millones de los 100.000 millones totales. “Pocos herederos de esa edad, 32 años, han tenido poderes semejantes”, recalca Escartín.

También las energías renovables interesan al príncipe. De nuevo con Softbank, instalará una planta de energía solar de 3GW. “Lo están haciendo bien”, valora Escartín. “Otra cosa es que haya gente a la que no le guste”, en referencia a la vieja guardia, la que tomó el poder tras el asalto a la Gran Mezquita de La Meca hace 38 años, que obligó al rey de entonces a asumir el extremismo religioso. La familia de Bin Salmán lleva gobernando el país desde 1932. También en el apartado filantrópico Mohamed bin Salmán apuesta por las empresas y los jóvenes: preside la fundación que lleva su nombre, MiSK, dedicada a capacitar a los jóvenes y a crear startups mediante varios programas de incubación.

Según Escartín, “en unos años la región podría llegar a colocarse entre los destinos preferentes para hacer negocio y servir de enlace entre Occidente y Asia”. El príncipe Bin Salmán tiene una visión, y quiere hacerla realidad.

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