Tras un 25% en el primer año de Trump, Wall Street necesita medidas para seguir al alza

El Dow Jones supera cinco barreras en un año, hasta los 23.000 sin una sola reforma aprobada

Las promesas electorales, el papel de los bancos centrales y los beneficios empresariales impulsan la Bolsa

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Se cumple un año de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. A pesar de la desconfianza que existía en un principio, el triunfo del republicano no ha ensombrecido la buena evolución de Wall Street en los últimos ocho años, al contrario. Las promesas lanzadas por el magnate en su carrera hacia la Casa Blanca han servido de acicate.

En los últimos 12 meses los tres principales índices de Wall Street han continuado inmersos en una época dorada y sesión a sesión han revalidado sus máximos históricos. El Dow Jones se revaloriza un 29% en este periodo y en su ascenso ha superado cinco barreras hasta situarse por encima de los 23.000 puntos. Por su parte, el S&P 500 y el tecnológico Nasdaq no quedan al margen y se anotan un 21,5% y un 31%, respectivamente.

“Trump llegó al poder en un entorno económico favorable, con sólidos crecimientos en los indicadores de los países más representativos, buenas proyecciones de crecimiento global, crecientes beneficios corporativos y señales de los bancos centrales de normalización monetaria”, afirma David Pina, analista colaborador de Activ Trades. Esto sirvió para que los inversores se sacudiesen los miedos y recibieran al republicano con los brazos abiertos.

Diego Jiménez Albarracín, responsable de renta variable del centro de inversiones de Deutsche Bank, apunta que el triunfo de Trump fue visto como una bombona de oxígeno por parte de las empresas, que depositaron sus esperanzas en el programa de reformas. La estabilidad de los precios del crudo y el papel de los bancos centrales, que continúan apoyando al mercado con políticas monetarias ultralaxas, han contribuido a cambiar el recelo por el optimismo. “Al no existir presión inflacionistas no hay prisa por retirar los estímulos”, señala.

A pesar del buen comportamiento acumulado por la Bolsa de EEUU en el primer año de la legislatura de Trump, Ken Fisher, fundador y presidente de Fisher Investment, defiende que el alza registrada es menor a la conseguida por otros presidentes en su primer año, especialmente si se compara con otros líderes republicanos. “La historia de los ascensos de Wall Street el primer año electoral demuestra que estos son mayores cuando el presidente electo es republicano que cuando es demócrata”, sostiene.

La razón es sencilla. Los inversores tienden a pensar los republicanos son más liberales en el ámbito empresarial. Sin embargo, en el caso de Trump, aunque se cumple esta teoría, la escasa aceptación entre los miembros de su propio partido ha provocado un peor comportamiento relativo de la Bolsa. Y todo ello pese a que los beneficios empresariales están en máximos históricos. Según indica Jiménez Albarracín, el beneficio por acción en el S&P 500 hasta junio registró alzas de doble dígito que, de acuerdo a las previsiones, podrían repetirse en la recta final del año.

Pero pese a este buen comportamiento, todavía quedan muchos flecos sin resolver. Marian Fernández, analista macro de Andbank, afirma que uno de los principales retos pasa por completar la reformas iniciadas. La primera de ellas, la fiscal. “Esbozadas las líneas maestras queda por conocer la propuesta del Senado y su debate parlamentario”, explica. El texto de la Administración Trump es más “descafeinado” de lo esperado. A ello se suman el debate de techo de deuda; la incapacidad para sacar adelante la reforma sanitaria; el plan de infraestructuras valorado en un billón de dólares; la negociación de los acuerdos comerciales y los escándalos que rodean a su familia y sus asesores.

Una de las primeras decisiones del republicano fue la retirada de EE UU del acuerdo transpacífico TPP. “En su lugar Trump aboga por acuerdos bilaterales y la imposición de aranceles a las economías que manipulen la divisa”, explica Alberto Iglesias, gestor de GVC Gaesco. El experto cree que el proteccionismo puede convertirse en un arma de doble filo, pues aunque EE UU cuenta con una importante demanda interna, el 50% de los ingresos de las empresas se generan en el exterior.

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