El vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, rodeado por el consejero de la Presidencia, Jordi Turull, y el de Asuntos Exteriores, Raül Romeva.
El vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, rodeado por el consejero de la Presidencia, Jordi Turull, y el de Asuntos Exteriores, Raül Romeva. EFE

Cataluña: todos los actores a punto para un choque inevitable el 1-0

A diferencia del 9N, el Estado comparecerá este domingo para evitar el referéndum

Los independentistas se movilizan para sortear el bloqueo de los colegios electorales

Josep Pla escribió que Barcelona alcanza su máximo esplendor en otoño, cuando a la ciudad regresan el orden, la puntualidad y la pausa, tan desatendidas en verano y que tan bien le sientan a la capital catalana.

En este otoño aún veraniego, atípico y caótico -que horrorizaría al escritor de Palafrugell- quien ha llegado puntual a Barcelona, esta vez sí, ha sido el Estado. A diferencia del ensayo general del 9N, donde el Gobierno de Mariano Rajoy prefirió verlo por televisión, el Estado se ha hecho más visible que nunca en la capital catalana y en todo el territorio. En pueblos pequeños se ven convoyes de 4x4 verdes y blancos de la Guardia Civil, algo que los más jóvenes, que solo han conocido a los Mossos d’Esquadra imponiendo orden, no habían visto nunca.

El Estado ha comparecido con un despliegue sin precedentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional, con una actividad preventiva de la Fiscalía y de los tribunales, que han vinculado en los preparativos para evitar el referéndum a la policía autonómica y local. Sí, ellos también son Estado.

Las fuerzas policiales han golpeado parte de la logística y preparativos de la Generalitat y de las organizaciones independentistas, lideradas por la ANC y Òmnium Cultural. Con tal demostración de fuerza, si se celebrara un referéndum, o algo muy parecido, supondría un fracaso del Gobierno de Mariano Rajoy.

La Generalitat se mueve ágil frente a una maquinaria del Estado que es fuerte, pero más lenta y pesada

Sin embargo, los movimientos independentistas y el Gobierno catalán han demostrado una gran capacidad de organización y estrategia. Es evidente que habían preparado el choque de trenes a conciencia y que contaban con planes alternativos a medida que el Estado, siempre más lento y pesado, adoptaba decisiones coercitivas. Mientras el portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, aseguraba desde Madrid que el referéndum no se celebraría, en Barcelona, el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, el consejero de Presidencia, Jordi Turull, y el consejero de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, posaban sonrientes ante una suerte de urna. No es la típica urna transparente de metacrilato, sino que se trata de un cubo de plástico, con el logo de la Generalitat, una tapa y precintos rojos. Es algo así como un contenedor, algo aparatoso, pero que se puede transportar en dos piezas, lo que permite sortear posibles controles. El precio de estos cubos ronda los cinco euros y si su pago ha salido de las cuentas públicas significa que las medidas de Cristóbal Montoro, que aseguró que no se destinaría ni un euro público a organizar el referéndum, no han funcionado.

En un centro de prensa en Barcelona organizado por Mediapro, que cobra 10 euros al día a los periodistas, los representantes de la Generalitat han anunciado que 5.343.358 catalanes “están llamados a votar en los 2.315 colegios electorales” que se abrirán de 9 a 20 horas.

Así, este domingo se verá por un lado a fuerzas y cuerpos de seguridad que tienen la orden de precintar los colegios electorales, identificar a los responsables de las mesas electorales y requisar las urnas. Por el otro, una masa entusiasta de catalanes madrugará y saldrá a la calle dispuesta a votar para que Cataluña sea un Estado independiente. Muchos elementos que sugieren que la situación puede acabar mal. El riesgo de que cualquier incidente, incluso menor, derive en altercados es elevadísimo. A ello se acoge la cúpula de los Mossos d’Esquadra para defender que no impedirá que se celebren las votaciones si observan riesgos para el orden público. Habrá que ver, entonces, qué estrategia adopta la Guardia Civil y la Policía nacional, que cuentan con miles de efectivos por toda Cataluña.

De momento, los independentistas se están organizando para ocupar las escuelas que serán colegios electorales. En multitud de localidades catalanas, se están programando actividades y turnos para que las escuelas permanezcan abiertas las 24 horas del día. Los payeses, que este viernes invadieron Barcelona con tractores para manifestarse a favor de la independencia, han aparcado los pesados vehículos frente a colegios electorales para dificultar que las fuerzas de seguridad cumplan con las órdenes de los tribunales. “Esto es una revolución”, decía asombrada una mujer mientras veía avanzar la columna de tractores ante los gritos de votarem de estudiantes que volvieron a manifestarse en la Plaza Universitat de Barcelona. Aunque solo unos metros más lejos, en el Paseo de Gracia, barceloneses y turistas vivían ajenos a esa revolución. Una parte muy importante de la población no se siente interpelada por la votación y no acudirá a ningún colegio electoral. Los partidarios del no se quedarán en casa y quizás este sea precisamente el mayor factor deslegitimador del referéndum.

Esta es la situación en la víspera del gran día que el independentismo lleva años preparando. Incluso si hay votaciones y abren colegios electorales, difícilmente el 1-0 podrá calificarse como un referéndum. Carece de garantías suficientes, de representatividad y se ha organizado vulnerando la legalidad vigente. Lo que la Generalitat había preparado como una consulta vinculante sobre la independencia de Cataluña derivará probablemente en movilizaciones. Y ello entra dentro de la hoja de ruta.

Hay una idea que los independentistas han repetido en las charlas y coloquios que organizan por toda la geografía catalana. Defienden que si el Estado recurre a la fuerza, ellos habrán ganado. Esta misma semana lo volvió a repetir el expresidente de la Generalitat, Artur Mas en RAC1. Sostienen los independentistas que ver a un guardia civil requisando urnas sería demoledor para la imagen internacional de España. Si bien sobrevaloran la capacidad de sorpresa o la empatía que su causa pueda generar en el exterior, sí es cierto que la percepción es que el relato lo está ganando el independentismo.

Cataluña no será independiente porque el Estado cuenta con mecanismos suficientes para evitarlo, pero los independentistas han llevado su proyecto a cotas impensables hace menos de una década y hoy no parece tan estrambótica la idea de un referéndum pactado. Definitivamente, no era un souflé. “Ya hemos ganado”, dicen los independentistas. Veremos si cuando acabe el día 1 de octubre, alguien ha ganado o todos han perdido.

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