Igor Sechin, consejero delegado de Rosneft.
Igor Sechin, consejero delegado de Rosneft.

La venta de Rosneft intensifica la codependencia de Moscú y Pekín

CEFC China Energy acordó el viernes pagar 7.600 millones por un 14% del gigante petrolero

Es un arreglo bueno para todos, incluidos los vendedores Glencore y el fondo de Qatar

La represión de Pekín sobre las adquisiciones en el extranjero no parecen extenderse a la energía. CEFC China Energy acordó el viernes pagar 7.600 millones de euros por un 14% del gigante petrolero ruso Rosneft. La transacción profundiza la dependencia mutua entre las dos naciones que más crudo consumen y producen en el mundo. También desenreda un polémico acuerdo de deuda con la italiana Intesa Sanpaolo y deja a los vendedores Glencore y el fondo soberano de Qatar (QIA) con pequeñas participaciones. Es un arreglo bueno para todos.

Glencore y la QIA llamaron la atención en diciembre al pagar 10.200 millones por un 19,5% de Rosneft, ayudando a esta a cumplir su objetivo de privatización parcial. Pusieron poco capital, empero, y un aumento del 14% del euro frente al dólar este año ha aumentado el coste de financiar esa deuda.

El nuevo acuerdo estrecha una creciente alianza energética entre China y Rusia. El presidente Vladimir Putin estaba ansioso por profundizar la cooperación, y firmó una serie de pactos el año pasado para la inversión china en proyectos rusos de petróleo, gas y petroquímica a cambio de compromisos de crudo ruso. Tales transacciones suponen una gran grieta en el cordón de sanciones que EE UU y Europa han impuesto al Kremlin por su intromisión en Ucrania.
China es el mayor consumidor de petróleo del mundo después de EE UU, y la Agencia Internacional de la Energía estima que el Reino del Medio habrá aumentado en 2021 sus importaciones en 1,7 millones de barriles diarios. Eso ayuda a explicar por qué CEFC China va a pagar una fuerte prima del 10% por su participación en Rosneft.

El acuerdo deja a Glencore con una pérdida contable de algo más de 50 millones de euros con su participación del 0,5% de Rosneft. Es un precio pequeño por los 220.000 barriles diarios que continuará recibiendo hasta 2022. También da lustre a sus relaciones en Moscú y Pekín. QIA no tiene ningún beneficio comercial comparable, pero la conexión con Rusia puede ayudar a resistir el embargo diplomático impuesto por Arabia Saudí y sus aliados del Golfo.

Puede que el Kremlin no haga las mejores ofertas, pero en este caso ha conseguido una buena para todas las partes.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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