Harvey provoca a Texas para que dé ejemplo

Aunque podría cubrir los gastos del huracán, el Estado busca la ayuda de Washington

Huracán Harvey
Inundaciones en Houston (Texas) tras el paso del huracán Harvey. REUTERS

La temporada de huracanes está provocando a Texas para que dé ejemplo. El gobernador Greg Abbot ya ha dicho que espera que las arcas federales cubran la mayor parte de los daños causados por el Harvey, que estima en 180.000 millones de dólares, igual que hicieron después del Katrina en 2005 y el Sandy siete años después. Texas, sin embargo, tiene numerosas ventajas económicas respecto a otros Estados que también están en el camino que sigue la madre naturaleza, incluyendo Florida. Esto, junto con la fanfarronería tejana, debería hacer que la mínima ayuda de Washington sea casi un deber estatal.

El año pasado, el PIB de Texas fue de algo menos de 1,6 billones de dólares, según la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio. Una cifra que colocaría a su economía, si fuera un país independiente, como la décima del mundo, por detrás de Brasil y por delante de Canadá, según el Banco Mundial. El presupuesto anual del Estado fue de alrededor de 130.000 millones de dólares. Casi tanto como Abbot espera que llegue de Washington para arreglar la destrucción dejada por la tormenta.

Otros Estados de la región no tienen el mismo poder económico que Texas para hacer frente a los desastres, ya sean naturales o de otro tipo. El presupuesto de Luisiana en 2005 fue de 17.500 millones de dólares, un 14% de los 125.000 millones de dinero federal que fueron asignados tras el huracán Katrina a través de distintos programas federales. Su PIB no superaba entonces ni los 200.000 millones de dólares, lo que a los políticos con pocas opciones salvo mirar a Washington en busca de ayuda.

Florida está en una posición económica mejor que la de Luisiana. El huracán Andrew, que golpeó al Estado en 1992, causó daños por valor de 47.000 millones de dólares, según Enki Research. Florida puede tener un PIB de 925.000 millones, pero su presupuesto está cerca de los 80.000 millones y su fondo para emergencias contiene solo 1.400 millones, en comparación con los 10.000 millones de Texas. Su superávit total –es decir, el balance presupuestario total, incluyendo dicho fondo– está cerca de la media de EE UU, un 11% de los gastos o 9.000 millones de dólares. El de Texas se sitúa en un 22%.

El éxito económico de Estado tejano Texas, como dirían los legisladores locales, se debe en gran parte a que tiene un estructura gubernamental reducida. El Estado no impone gravámenes sobre los ingresos individuales o corporativos y depende en cambio de los impuestos sobre las ventas. Su carga tributaria estatal y loca es la quinta más baja de todos los Estados del país y representa menos del 8% de los ingresos.

También tiene un entorno regulatorio que le favorece, particularmente a su industria del petróleo y del gas, el motor que impulsa la economía tejana. A la falta de supervisión del Estado se le está echando ahora la culpa de la destrucción causada por Harvey. A la luz de esto, una desgracia natural ofrece a los empresarios la oportunidad perfecta de devolver el favor a los bajos impuestos echando mano a sus carteras.

Uno ya lo ha hecho: Michael Dell, el segundo tejano más rico después del magnate de Wal-Mart, Alice Walton, ha donado 36 millones de dólares para poner en marcha una organización benéfica de ayuda frente a los huracanes con la que espera recaudar 100 millones de dólares. Otros muchos multimillonarios podrían también contribuir.

El restaurador Tilman Fertitta debe de tener algo guardado después de haber gastado 2.200 millones en comprar Houston Rockets el pasado martes, un equipo profesional de baloncesto estadounidense otros 50 tejanos más que, con un patrimonio neto conjunto de 200.000 millones, aparecen en la última lista de multimillonarios de Forbes.

Muchos de ellos también se beneficiarán probablemente de la recuperación. Goldman Sachs analizó los efectos de los 18 mayores huracanes, incluyendo el Katrina y el Sandy, que afectaron a Nueva York y a Nueva Jersey en 2012 y dejaron un destrucción con un valor de 75.000 millones. Los análisis del banco de inversión revelaron que el gasto en compras y de la construcción creció fuertemente en los meses siguientes a los huracanes a niveles más altos que los previos a las tormentas.

Cubrir todos los costes del Harvey puede estar incluso por encima de las posibilidades de Texas. Pero la oportunidad de mostrar que necesita al Gobierno incluso menos que otros Estados después de un desastre puede ser demasiado tentadora para dejarla pasar. El poder presumir tras soltar gran parte del dinero no tendría precio.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción es responsabilidad de CincoDías.

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