El coche eléctrico puede ser la némesis de Merkel

La reconversión puede transformar la industria alemana del motor en una debilidad

Las políticas pasadas de la canciller pueden limitar la capacidad para ajustarse a las crisis

Varios coches pasan por delante de un cartel electoral de Angela Merkel, candidata a la reelección como canciller alemana, en Berlín.
Varios coches pasan por delante de un cartel electoral de Angela Merkel, candidata a la reelección como canciller alemana, en Berlín.

Un triunfo electoral de Angela Merkel el 24 de septiembre podría ir seguido de un accidente automovilístico económico. La lucha por un aire urbano limpio y por reducir las emisiones de carbono acelerarán el aumento de los coches con batería. Eso podría hacer que la industria automovilística alemana pasara de ser una fuente de fortaleza económica admirada globalmente, a una debilidad estructural.

El sector emplea directa e indirectamente a casi 1 millón de personas. Dos tercios dependen de una tecnología que puede quedar obsoleta pronto: el motor de combustión interna. El Instituto Ifo, con sede en Múnich, estimó en junio que uno de cada diez puestos de trabajo industriales alemanes dependen de los motores de gasolina y diésel. Es un problema porque, dentro de una década, uno de cada cuatro coches nuevos vendidos serán eléctricos, según Daimler. Las prohibiciones en las ciudades de los vehículos diésel podrían acelerar esta tendencia, al igual que la caída de los precios de las baterías.

Llegaría en un momento incómodo para Alemania. El banco central del país advirtió en junio que el ritmo máximo sostenible al que puede crecer la economía caerá a un exiguo 1,2% en 2019, en parte por la escasez de mano de obra cualificada. Las políticas pasadas de Merkel también pueden limitar la capacidad de la economía para ajustarse a las crisis. El salario mínimo está diseñado de forma inflexible y es demasiado alto para el este del país. Las pensiones públicas son más generosas, y ha habido una inversión insuficiente en infraestructuras públicas.
Además, los fabricantes alemanes están rezagados en tecnología de vehículos eléctricos. Registraron el 40% de todas las patentes globales vinculadas al motor de combustión interna entre 2010 y 2015, pero solo el 15% de las de batería. En ventas de estos coches, Renault-Nissan y Tesla van muy por delante.

Merkel podría dar a la industria incentivos para alejarse de la combustión. Y los planes francés y británico de prohibirlos en 2040 son una señal importante. Sin tales palos y zanahorias, los fabricantes de automóviles alemanes corren el riesgo de convertirse en los mineros del carbón del siglo XXI.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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