Algo empieza a moverse en la vieja Europa

Durante mucho tiempo los europeos han cedido a EE UU el optimismo como arma política

Angela Merkel; Emmanuel Macron
Emmanuel Macron, presidente de Francia y Angela Merkel, canciller alemana REUTERS

Hace algunos años, algunos analistas perspicaces preocupados por el estancamiento de Europa empezaron a hablar con entusiasmo de las nuevas generaciones. Según sugerían, los jóvenes podrían generar los cambios tan necesarios con la inyección de nuevas ideas y contribuyendo a superar la brecha cada vez mayor entre políticos profesionales y ciudadanos comunes.

En ese momento, la mayoría de estas esperanzas se frustró. Hoy, sin embargo, tras los resultados de las últimas elecciones, tanto en Francia como en Reino Unido, estamos ante procesos muy alentadores. En ambos países la juventud hace sentir su peso en el escenario político.

Esto podría ser el principio de una tendencia generalizada que cubriera toda la Unión Europea. La generación joven piensa cada vez menos en términos de fronteras nacionales: su interés está en lo que funciona. La determinación, la energía y la creatividad que se expande por el continente fluyendo de su apertura mental representan u potencial económico de importancia considerable. Tenemos que hacer más para poder aprovechar estos recursos para el crecimiento.

Como parte de estos procesos, los jóvenes de Reino Unido han señalado que no pueden imaginar un futuro en el que su país ya no sea parte de la UE. Consideran su derecho a viajar, vivir y trabajar en cualquier parte del a UE como algo dado y esperan que sus líderes políticos encuentren la manera de mantener Reino Unido a salvo de todo aislamiento autoimpuesto.

En Francia, donde la alemana Angela Merkel y el francés Emmanuel Macron han abierto el juego a nuevas iniciativas, vemos un proceso todavía más asombroso que en Reino Unido. Gran parte del establishment político del país fue desplazado prácticamente de la noche a la mañana, y muchos de los nuevos miembros de la Assemblée Nationale nunca antes habían actuado en política. Son personas comunes con trabajos comunes, además de constituir el grupo hasta ahora más joven y con mayor porcentaje de mujeres.

En una especie de segunda Revolución Francesa, estos acontecimientos son indicio de una forma muy promisoria de afrontar las dudas que han surgido en general en relación con la política y hasta respecto de la democracia. Que el electorado francés haya expresado su deseo de pensar más allá de la división tradicionalmente tan definida entre izquierda y derecha constituye también un poderoso ejemplo para otras naciones, no solo en Europa.

Es notable que sea el nuevo presidente francés quien haya elegido hacer del espíritu de comunidad, de pertenencia, de lucha conjunta por unfuturo europeo común, la plataforma de su agenda política.

El caso francés demuestra que con ideas proeuropeas se consiguen victorias electorales incluso en países que tradicionalmente ponen un fuerte acento en la soberanía nacional. Todos tenemos que dar la bienvenida a esto, porque libera una energía positiva que otros países pueden aprovechar.

Las expectativas de los jóvenes de toda Europa pueden ser de gran valía para fortalecer el espíritu del podemos hacer lo que en este momento viene de Francia, lo que no solo será una gran herramienta para contrarrestar tendencias populistas, sino que también proporcionará un test muy apropiado para enfoques que a nivel europeo a veces resulta demasiado burocráticos.

No son los temas de hipercomplejos y de largo aliento –como la reorganización de la arquitectura institucional de la UE–, sino las cosas concretas y aparentemente pequeñas las que terminan haciendo una gran diferencia en la vida de las personas. Aquí no solo se incluyen los viajes sin pasaporte dentro de la UE o las comodidades de una moneda común; entre las pequeñas cosas también está el programa Erasmus, que promueve intercambios estudiantiles transnacionales durante al menos un semestre para estudiantes de cualquier país miembro. Las manifestaciones del movimiento Pulse of Europe, celebradas en diversas ciudades europeas, subrayan aún más el interés que la población tiene en estos logros y cuánto los valora.

Todos estos elementos, considerados en conjunto, dejan a la vista un éxito bastante impresionante. Para continuar en esa línea hay que adoptar la correcta disposición hacia el futuro. Durante mucho tiempo los europeos creímos que la disposición optimista respecto del futuro era una herramienta exclusiva de Estados Unidos. E históricamente, la fuerte creencia de los estadounidenses en su poder de moldear el futuro fue un ingrediente clave para el éxito de su país.

Todavía hoy los europeos vacilamos cuando se trata de abrazar ese espíritu para nuestros fines y en nuestras sociedades. No deberíamos tener tantas dudas. Si miramos los desafíos que hoy enfrenta Estados Unidos y los comparamos con nuestros éxitos en Europa, tendríamos que sentirnos mucho más seguros respecto de lo que ya hemos conseguido.

Es en función de lo anterior que deberíamos hacer frente a los problemas existentes y estar más abiertos cuando se trate de adoptar ideas nuevas. Una voluntad más claramente favorable hacia la experimentación con empresas nuevas es solo un aspecto de lo que podría ofrecer un buen programa de estímulo económico y político. En Francia, el presidente Macron ha señalado su disposición a hacer justamente eso.

La requerida flexibilidad –que en su propio interés debe adoptar la generación joven, a la que le resulta más fácil– puede significar una gran diferencia en agendas políticas clave. Aquí se incluyen tanto la digitalización de la economía como una determinación renovada en cuestiones de colaboración transfronteriza. El deseo urgente de contar con sociedades y economías europeas “a prueba de futuro” y la capacidad de traducir este deseo en reformas prácticas son precisamente lo que la economía y la gente de Europa necesitan ahora.

Franck Appel es director general de Deutsche Post Group DHL

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