El empleo acelera en cantidad, pero también avanza en calidad

Los nuevos puestos de trabajo se concentran en la industria y los servicios

El empleo en España se ha convertido en un motor en pleno proceso de aceleración y que muestra una potencia mayor de la prevista. Pese a que las previsiones de las autoridades económicas y de los expertos situaban el avance de este año en una cifra ligeramente inferior al medio millón de nuevos puestos, los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA) arrojan un saldo de 512.000 ocupados, 375.000 de los cuales accedieron al empleo en el segundo trimestre. La cifra supone un 2,8%, prácticamente el mismo avance del PIB, y deja el total de españoles empleados en 18,813 millones, 1,8 millones por debajo del máximo histórico y cíclico registrado en 2008. Las cifras de desempleo bajan, por primera vez desde 2009, de los cuatro millones y cifran la tasa de paro en un 17,22%, frente al 26,94% al que este indicador llegó en los peores momentos de la recesión.

Pese a la intensidad del ritmo de crecimiento, lo más relevante de las cifras conocidas ayer es que dibujan una mejora no solo de la cantidad, sino también de la calidad de los nuevos puestos de trabajo. Por un lado, porque se concentran como primera fuente en la industria, seguida de los servicios, y por otro, porque son mayoritariamente contratos a tiempo completo. Otro de los rasgos de este empleo es su homogeneidad en rasgos de edad, especialmente aquellos puestos creados en el último trimestre, así como en localización geográfica.

Los buenos datos de la la EPA demuestran que el mercado de trabajo español ha adquirido la suficiente flexibilidad como para acompasar el ritmo de crecimiento de la economía. Pese a ese éxito innegable, existen todavía asignaturas pendientes que es necesario abordar. La consolidación de esos primeros signos de mejora de la calidad del empleo es una de ellas, así como la lucha contra un paro juvenil que en España sigue teniendo proporciones catastróficas. Pese a que son muchas las voces –entre ellas, las de la propia Europa– que reclaman una segunda vuelta de tuerca a la legislación laboral, los datos confirman que el mejor combustible para alimentar la creación de trabajo es el crecimiento de la economía. Todas las medidas que estimulen la actividad harán lo mismo con el propio empleo.

 

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