¡Vamos a la playa!

¡Vamos a la playa!

De arenal en arenal sin salir de España y para todos los gustos

Una nueva ola de calor nos recuerda que estamos en verano y que todo apunta a que será tórrido. Para muchos, las vacaciones están a la vuelta de la esquina y a otros solo les queda soñar con una pequeña escapada que les devuelva a la brisa del mar, a la arena y al sol, que este año sí será el que más calienta.

Con los más de 7.900 km de costa que tenemos en España, incluidos los litorales de los archipiélagos de Baleares y Canarias, las opciones para encontrar una playa a nuestro gusto son inmensas.

Las tenemos de todos los tamaños y colores. Calas diminutas y arenales gigantes, al pie de la ciudad y aisladas y de difícil acceso; monumentales, en entornos protegidos y de alucinantes paisajes.

De aguas cristalinas, turquesas o de intenso azul que, a veces, anticipa el negro de las profundidades del océano. Arenas negras, de origen volcánico, doradas, anaranjadas, blancas y hasta playas de piedra, menos confortables pero igual de singulares.

Para ir en familia, en pareja o de fiesta con los amigos, a la hora de ir de playas, los españoles nos quedamos en casa.

El discreto encanto de lo clásico

Urgull
El Urgull desde la bahía de La Concha. Thinkstock

Es una de las playas más emblemáticas y elegantes de España y la imagen más fotografiada de San Sebastián. Flanqueada por los montes Igeldo y Urgull, tiene una longitud de 1,5 km y 40 m de ancho y está considerada como una de las playas urbanas más bonitas del país. La calidad de sus aguas y arena la coloca cada año al frente de los rankings de los mejores arenales. De hecho, La Concha ha sido elegida este año por los viajeros de TripAdvisor como la mejor playa de Europa, de España y la sexta del mundo.

Nos gusta. Su arena dorada y sus aguas, a veces enrabietadas, de un azul intenso, la convierten en un lugar idóneo para la práctica del surf y del windsurf. Su imponente y cuidado paseo marítimo, que termina en el Peine de los Vientos con las esculturas de Chillida, es un recorrido imprescindible para mirar y ser visto.

Esculturas rocosas a pie de mar con cita previa

Las Catedrales
Uno de los ollos (arcos) rocosos de Las Catedrales.

Modelada por los vientos y el azote del Cantábrico, es una de las playas más singulares del país. Situada a unos 10 km al oeste de la localidad de Ribadeo, en Lugo, es famosa por las enormes formaciones rocosas y ollos (arcos) de hasta 32 m que se alzan sobre su arena, que solo se pueden apreciar a pie de playa durante la bajamar y que crean un paisaje un tanto fantasmagórico.

A tener en cuenta. De apenas 900 m de longitud y unos 50 de ancho, en su tramo más amplio, atrae tantos turistas que, para preservarla, su acceso es limitado en verano y en otras épocas del año como Semana Santa y se necesita reserva. Declarada monumento natural por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Galicia, la autorización para visitar la playa es gratuita y se puede conseguir hasta 90 días antes en la web Ascatedrais.xunta.gal.

Para urbanitas, adictos a las olas y sin mascotas

Riazor
Riazor un día de temporal.

Separada naturalmente y al noreste por el rompeolas la Coraza y los restos de la antigua muralla de la Pescadería, Riazor es una espectacular playa urbana, muy cuidada y concurrida por los coruñeses. Su elegante paseo marítimo descubre el refinado encanto de las ciudades del norte. Situada en la ensenada del Orzán, año tras año cuenta con la bandera azul, que distingue a las playas con las mejores condiciones ambientales e instalaciones.

Imprescindible. La playa y el paseo marítimo resultan un lugar impactante los días de temporal. Sus 600 m de longitud se convierten en más de 2 km, contando los arenales de Orzán y Matadero que la suceden formando una concha perfecta abierta al Atlántico, soberbia para la práctica de todo tipo de deportes náuticos: surf, vela, windsurf, submarinismo, remo, piragüismo. No se admiten animales.

Virgen y salvaje a merced del Atlántico

Las Conchas
La playa casi virgen de Las Conchas.

Esta bucólica y aislada playa está considerada como un arenal virgen y una pequeña joya. Situada al noroeste de la diminuta isla de La Graciosa, de origen volcánico y apenas 29 km2 , en el archipiélago de las Chinijo, frente a la costa de Lanzarote, es una joya. Situada en un terreno semidesértico frente al intenso azul del océano Atlántico, tiene una longitud de poco más de medio kilómetro de fina arena donde las conchas se han convertido en polvo.

Aventura. El oleaje –a menudo fuerte–, las corrientes y el viento la convierten en un lugar ideal para los amantes de la aventura, pero no hay que confiarse y conviene ser cauteloso en el baño. Se puede ir a pie –unos 45 minutos– desde la localidad más cercana o en bicicleta –20 minutos–, aunque llegar en un 4x4 añadirá un punto de aventura a su excursión mientras disfruta de vistas maravillosas.

A flor de piel

Níjar
Vista del pueblo de Níjar, en el cabo de Gata.

A diferencia de otras playas del cabo de Gata, el Barronal se caracteriza por su arena fina y sin piedras y unas condiciones óptimas para el baño. Este arenal de 800 m de longitud y casi virgen se encuentra situado entre la playa los Genoveses y la de Mónsul; es un enclave estratégico para los que quieren practicar nudismo. El acceso a la playa es a través de un camino de tierra, largo, ancho y llano, por lo que tendrá que dejar el coche en un aparcamiento cercano señalizado.

A destacar. El atípico color gris de su arena y los acantilados que rodean la playa, que denotan su origen volcánico y que han dado lugar a bonitas formas rocosas. Bordeándolos descubrirá otras pequeñas calitas, conocidas como las calas del Barronal. Detrás de la playa, le sorprenderá la formación de dunas donde crecen las típicas pitas.

A remojo con los niños

Playa Toró
La playa Toró está considerada paisaje protegido.

En la llamada Costa Verde asturiana, esta pequeña playa de solo 220 m tiene fama de ser una de las más bonitas y seguras del Principado, por lo resulta perfecta para viajar en familia y con niños. A tiro de piedra de la bonita localidad de Llanes, sobre el Cantábrico, cerca de los Picos de Europa y en un marco rural, resulta también un lugar propicio para realizar excursiones y visitar otras playas cercanas.

El arenal está salpicado de pináculos rocosos y rodeado por un paseo que llega hasta un mirador y unos acantilados bajos. La playa se localiza dentro del Paisaje Protegido de la Costa Oriental.

Un plus. Si viaja con niños, Llanes es buen punto de partida para programar visitas al Museo del Jurásico de Colunga, al zoo de la Grandera y a Cangas de Onís, donde es muy fácil observar osos pardos casi en total libertad.

¿Al mar o al desierto?

Maspalomas
Las famosas y preciosas dunas de Maspalomas.

No tendrá que deshojar la margarita entre playa o desierto si acude a Maspalomas. Un fantástico mar de dunas anaranjadas al borde del Atlántico, en el sur de la isla de Gran Canaria, de casi 6 km de longitud y 75 m de ancho, si sumamos los casi 2,8 km de la playa del Inglés que, en realidad, es la prolongación por el este de Maspalomas, hasta su famoso faro. Su proximidad a la ciudad hace que sea una playa muy concurrida y semiurbana.

No se puede perder una romántica puesta de sol sobre las dunas. Además de las ondulantes montañas de arena, en Maspalomas se da otro ecosistema conocido como la Charca. Una pequeña laguna costera salobre y testigo mudo de las antiguas marismas. Está separada del mar por una franja de arena, que se rompe con las grandes lluvias y que permite la renovación del agua y la afluencia de peces.

Con el viento por bandera

Tarifa
Las surfistas son habituales en las playas de Tarifa.

Solo 40 km separan Tarifa de Tánger y la costa africana. Es el punto más meridional de Europa, golpeada y mimada a partes iguales por las olas del Atlántico y el Mediterráneo. Un enclave con mucho encanto y playas idílicas, a pesar del viento de Levante, un paraíso para practicar surf, kitesurf, windsurf, flysurf o submarinismo. Playa Chica, Los Lances, Valdevaqueros y Bolonia son algunos de sus arenales más famosos y los Alcornocales, el parque del Estrecho o el paraje de la playa de Los Lances sus reservas naturales

No solo olas. A sus numerosos restos prehistóricos, como las pinturas naturalistas de la cueva del Moro y la necrópolis de los Algarbes, suma vestigios fenicios en la isla de las Palomas, romanos en la legendaria Baelo Claudia o Al Yazirat Tarif, para los musulmanes y murallas medievales.

¡Viva la vida loca!

Marbella
Camas balinesas y palmeras en el litoral marbellí.

Marbella sigue siendo uno de los lugares que atrae a miles de turistas, españoles y extranjeros, a la Costa del Sol. Aunque ha perdido parte del lujo y la sofisticación de otros años, allí se dan cita ricos y famosos.

De marcha. La animada vida nocturna es una de las señas de identidad de la localidad malagueña. En la mayoría de sus playas encontrará fiesta, música y gente guapa. En Elviria está el Nikki Beach, uno de los clubes de playa más pijo de Marbella; sin playa pero con una inmensa piscina cristalina está el exclusivo Nao Pool con shows en directo y propiedad de la reina de la noche marbellí Olivia Valere.

Si prefiere en ambiente tropical, los mojitos y la salsa frente al mar, el Ranchón Cubano se ubica en una de las playas mejor conservadas, la Real de Zaragoza. La gala Starlite con conciertos en directo es la gran cita de la beatiful people.

Lejos de miradas indiscretas

Mallorca
Vista de una preciosa cala en Mallorca.

Mallorca es uno de los destinos preferidos por jet set y celebrities. Unos acuden a la isla para aumentar su notoriedad, mientras que otros anhelan intimidad. Todos comparten el gusto por el lujo y la exclusividad. El mejor sitio para dejarse ver es el Real Club Náutico de Palma, tras pasar el día en el yate de cala en cala.

A buen recaudo. No es fácil pasar inadvertido en Mallorca, pero se puede. El cabo de Formentor, en Pollença, al norte de la isla, es uno de esos lugares aislados y de paisaje un tanto sobrecogedor. Refugio de líderes internacionales, escritores y artistas. Considerado como el Finisterre balear, desde su mirador se divisan fantásticos acantilados de más de 100 m de altura.

Tras la subida, dese un baño en calas como Formentor, la Figuera o la Murta y dedique una visita a pueblos como Pollença, Alcúdia o Deià.

Normas
Entra en EL PAÍS