La presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín.
La presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín.

La estratégica solución de Santander a los minoritarios de Popular

Hay tres objetivos: dar una respuesta al pequeño inversor, fidelizarlo y reducir la judicialización

Banco Santander desveló ayer por fin la solución que ha diseñado para los inversores minoristas que adquirieron acciones y/o determinadas obligaciones subordinadas de Popular y perdieron su inversión tras la resolución del banco. La estrategia de Ana Botín constituye una acción comercial voluntaria, dado que –como destaca la entidad– el banco no tiene “obligación legal alguna” de compensar a los antiguos minoritarios de Popular. La propuesta está dirigida solo a este segmento de inversores –deja fuera a los institucionales– siempre que hubiesen mantenido esas acciones y obligaciones en las redes del grupo Popular en España o de Banco Santander en el momento de resolución. Se trata, por tanto, de compensar la lealtad del pequeño inversor que mantuvo su dinero en Popular hasta el final, el cual recibirá bonos de fidelización que le darán derecho a un cupón efectivo discrecional y no acumulativo a un interés nominal del 1% pagadero trimestralmente.

Los títulos son obligaciones perpetuas emitidas por Santander, con 100 euros de valor nominal, que podrán amortizarse a partir de los siete años a voluntad de la entidad y previa autorización del BCE. Con la amortización, el titular recibirá el 100% del valor nominal del bono con un máximo según el tipo de título y la inversión realizada.

La acción comercial de Santander persigue tres objetivos importantes. El primero de ellos es ofrecer una solución a los accionistas fieles a Popular que no abandonaron el barco incluso cuando era evidente que estaba zozobrando. El segundo es fidelizar a esa masa de potenciales clientes, cuyo hostilidad a Santander resulta lógica dadas las circunstancias y cuyo antiguo vínculo emotivo con Popular está, de momento, destruido. Y el tercero, no menos importante, es apostar por reducir la previsible judicialización que Santander deberá afrontar de cara a un futuro próximo. Un montante de demandas judiciales que no podrá evitar en su totalidad, dado que quedan por satisfacer los grandes accionistas, pero que probablemente reducirá en buena parte con la oferta hecha pública ayer. El guante está ya sobre la mesa, ahora resta esperar la respuesta.

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