Una negociación rápida para resolver un ‘brexit’ que preserve el espíritu de la UE

Si Reino Unido quiere preservar el mercado único, debe respetar la libre circulación ciudadana

El negociador de la UE para el 'brexit', Michael Barnier (a la derecha), y el ministro británico para la salida de la UE, David Davis.
El negociador de la UE para el 'brexit', Michael Barnier (a la derecha), y el ministro británico para la salida de la UE, David Davis. REUTERS

Los representantes encargados de negociar los términos exactos del brexit, liderados por David Davis por parte británica y Michel Barnier por parte continental, abrieron ayer una negociación que debe concluir en marzo de 2019 como máximo. Una discusión que debe desmontar la integración del Reino Unido en Europa, enraizada durante cuarenta años, y marcar qué nueva relación económico, social, política y militar deben tener ambos pueblos en el futuro.

Mientras que la posición europea está razonablemente bien definida y apuesta por un diálogo acelerado para lograr una solución rápida y que no genere dudas adicionales en los agentes económicos y en las poblaciones afectadas, la británica, aparentemente firme al principio, es ahora una inmensa incógnita. Los malos resultados electorales de los conservadores en los comicios de este mes han debilitado la posición de Theresa May, que además de estar en manos de terceros para garantizar la gobernabilidad con una posición muy crítica dentro de su propio partido, no tiene capacidad de defender un brexit duro como deseaba cuando convocó las elecciones. El fortalecimiento de los laboristas por la irrupción de un electorado prointegración presiona para suavizar los términos del divorcio, especialmente para la ciudadanía británica que vive en el resto de Europa, y para la europea en suelo británico: nada menos que cuatro millones de personas.

Europa debe mantener su firmeza al exigir el respeto a los derechos adquiridos por estos colectivos, y en la medida de lo posible mantener viva la libre circulación de trabajadores y de ciudadanos comunitarios, y convertirlo en la única moneda intercambiable con el respeto al mercado único que los políticos británicos desean preservar. Claro que dejar cual están ambas cuestiones sería tanto como renunciar a un brexit activado por unos dirigentes antieuropeos que han abusado de los instintos más miopes del nacionalismo rural británico. Además, Europa debe exigir que el Reino Unido haga frente a sus compromisos presupuestarios, porque solo una solución justa permitirá mantener en el futuro una relación comercial y política respetada por todos.

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