Candice Laporte en su despacho en Madrid.
Candice Laporte en su despacho en Madrid.

Candice Laporte: "La ubicación de una tienda es una inversión en marketing"

La firma francesa fue fundada en 1965

En 2014 abrió la primera tienda en la ‘milla de oro’ madrileña

Es la vicepresidenta de la filial española de la firma de joyería francesa Dinh Van, fundada hace 52 años por Jean Dinh Van, a quien su padre, especializado en el lacado de joyas, orientó para que se formara en Cartier, donde trabajó una década. Así fue como comenzó esta joyería, que se distingue sobre todo por su trabajo artesano en el diseño de piezas para el día a día, con un precio medio que va de los 800 a los 1.000 euros. Inquieta por naturaleza, Candice Laporte, nacida en Marsella hace 43 años, enfocó su carrera hacia el marketing y la publicidad. Estudió International Business en la European Business School de París, es socia fundadora de Creaventure, una plataforma dedicada a la organización de eventos empresariales y financieros, pero además es vicepresidenta de la Asociación de Amistad Hispano-Francesa Mujeres Avenir y secretaria de la Cámara de Comercio Exterior Francesa.

Creo en el networking, poder ayudar a otros a relacionarse. A mí me ha servido de mucho, y a mí me impactó Madrid por lo predispuesto que siempre está a favorecer las relaciones de las personas”, asegura Laporte desde el rincón en el que tiene su mesa de trabajo en la joyería, el primer local de la firma en España, en la calle Ortega y Gasset. Se trata de una pequeña mesa, donde instala a diario su ordenador portátil y desde donde controla todo lo que acontece en la tienda, en la que también celebra reuniones de trabajo. “Me gusta que la gente entre en la tienda solo a mirar, a conocernos, porque es así como podemos tener un nuevo cliente en el futuro. Somos comerciales los 365 días del año”. Desde hace tres años se ocupa de la expansión en España de esta firma de joyería, que se reconoce por la funcionalidad como seña de identidad y elementos como unas esposas, unas cuchillas o las alianzas cuadradas.

Lo más difícil, como le sucede a las start ups, es llegar al tercer año. Nosotros tenemos ese componente. En España, empezamos de cero y hemos conseguido llegar hasta aquí, era nuestro reto, es cuando empiezas a cubrir gastos y a tener marca”. Y dice que todo lo ha conseguido gracias a la fidelización de los clientes. “Nos distinguimos por la atención, por la empatía. No tratamos de vender por vender, hacemos un seguimiento de la venta, y eso la gente lo agradece porque lo que busca es tener una experiencia increíble”, explica esta ejecutiva, madre de dos hijos, que en los próximos años espera expandir el negocio en Cataluña, aunque confiesa que lo más complicado es encontrar un buen local. “La ubicación de una tienda es muy importante, yo lo veo como una inversión en marketing”. Su asignatura pendiente es la venta online. Por una razón: de momento, la tecnología no cuida los detalles que la atención al cliente requiere.

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