Un torpedo italiano pone en cuestión el europeísmo de Macron

La constructora naval Fincantieri quiere comprar un rival participado por el Estado francés

El presidente galo no ganaría mucho bloqueando el acuerdo, más allá de réditos políticos

Emmanuel Macron (izquierda), el 31 de mayo pasado visitando a los trabajadores de los astilleros de STX, en Saint-Nazaire (Francia).
Emmanuel Macron (izquierda), el 31 de mayo pasado visitando a los trabajadores de los astilleros de STX, en Saint-Nazaire (Francia).

El mito del mercado único europeo corre el riesgo de ser torpedeado por un acuerdo marítimo. El presidente francés, Emmanuel Macron, se resiste a la oferta de la constructora italiana Fincantieri de comprar una participación en un rival francés y crear una potencia europea. Las preocupaciones domésticas no siempre se acomodan fácilmente con los ideales europeos.

El acuerdo al que se opone Macron, acordado poco antes de que lo eligieran, incluye la compra por Fincantieri del 66% de la firma STX. El vendedor es un conglomerado coreano en quiebra. El Estado francés, que posee el 33% restante, tiene el derecho de comprar las acciones cuando cambian de manos. Así que, para evitarlo, Fincantieri aceptó no superar el 50%, vendiendo un 7% al grupo inversor Fondazione CRT, y el resto al grupo militar francés DCNS.

Macron quiere que se revise el acuerdo. Fincantieri es propiedad mayoritaria del banco estatal italiano, Cassa Depositi e Prestiti. Tanto Fincantieri como Fondazione CRT tienen su sede en Trieste. El temor es que en tiempos difíciles los empleos franceses sean los primeros en desaparecer.

En la práctica, sin embargo, no hay un riesgo evidente en ese sentido. Tanto Fincantieri como STX tienen pedidos para una década, y construyen distintos tipos de naves de todos modos. El acuerdo firmado da a Francia derecho de veto sobre las transferencias de tecnología y los recortes de empleo.

Tampoco Macron ganaría mucho bloqueando el acuerdo, más allá de réditos políticos. STX es pequeña y apenas rentable. Y cuadrar una alternativa más profrancesa para la participación en STX podría no valer la pena.

La solución más fácil sería encontrar un inversor no vinculado con el Estado italiano ni Trieste. Macron también podría suavizar su postura después de las elecciones parlamentarias de ayer, en las que se fortaleció su posición.

Sin embargo, la cuestión general es que los principios del mercado único europeo no siempre se mantienen en la práctica. Para que el bloque se beneficie de tener empresas paneuropeas más fuertes, es posible que los Gobiernos tengan que renunciar al control, y parece que hay pocas ganas de hacerlo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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