May y Corbyn se juegan hoy la gestión del 'brexit' y su supervivencia política

La primera ministra y el líder conservador se enfrentan a la rebelión latente de sus partidos

May esgrime su experiencia en el Gobierno y Corbyn apela al voto joven y alternativo

Guiñoles de Corbyn y May a las puertas del Parlamento británico.
Guiñoles de Corbyn y May a las puertas del Parlamento británico.

La primera ministra británica, Theresa May, y el líder laborista, Jeremy Corbyn, se enfrentan desde las 7 de la mañana (una hora más en España) en un duelo electoral que marcará la negociación del brexit y el futuro político de ambos aspirantes a Downing Street.

Las urnas dirimen hoy una doble batalla, entre May y Corbin, por un lado, y entre cada uno de ellos con sus respectivos partidos. Ambos necesitan mejorar el resultado de sus predecesores en 2015 para desactivar la rebelión latente entre conservadores y laboristas contra unos liderazgos que no parecen convencer del todo ni dentro ni fuera de sus grupos políticos.

La movilización durante la campaña ha batido récords de registro de votantes y 46,9 millones de personas pueden ejercer hoy su derecho a elegir 650 diputados y al gobierno de los próximos cinco años.

May ironizaba ayer sobre la falta de experiencia del equipo de su rival y hoya ha pedido el voto "para garantizar un buen acuerdo sobre el brexit y construir una Gran Bretaña más fuerte. Corbyn se ha mostrado "orgulloso de nuestra campaña" momentos antes de depositar su papeleta y en su último mitin de ayer, en el barrio londinense de Islington, pedía el voto "para cambiar la faz de la política británica".

Los colegios electorales cerrarán a las 11 de la noche (10 de la noche en España) tras una jornada electoral que, de momento, transcurre dominada por una tensa calma en un país golpeado tres veces desde marzo por el terrorismo yihadista. La actitud relajada y cool de Londres, con sus policías sin armas y su acceso sencillo a numerosos lugares públicos, se ha cubierto de fuerzas del orden público con metralletas y de bloques de hormigón en varios de los puentes sobre el Támesis (en dos de ellos se produjeron los atentados con furgonetas lanzadas contra la multitud) y en las inmediaciones de algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Y en el transporte público y en las calles se perciben las mismas miradas de desconfianza y verificación que se han convertido tan habituales en París o Bruselas, capitales que también han sufrido masacres indiscrimiandas en los últimos dos años.

La primera ministra, que llegó al poder tras la dimisión de DaVid Cameron tras el referéndum de hace un año sobre la salida de la UE, ha perdido durante la campaña buena parte de al ventaja electoral que le concedían los sondeos.

Corbyn, en cambio, ha ido mejorando sus expectativas y confía en una participación, que podría superar la de hace dos años (66,4%) y en la incorporación de nuevos votantes, muchos de ellos de menos de 24 años, que parecen decantarse por el cambio.

El giro de los sondeos ha provocado una disminución en las críticas internas al líder laborista, acusado por sus enemigos de defender tesis radicales y trasnochadas. El fenómeno ha ido a la inversa en el otro campo, con un creciente número de críticas soterradas contra la primera ministra saliente.

May necesita superar con holgura los 330 escaños y el 36,9% de votos que obtuvo Cameron para imponerse a su partido y gestionar con fuerza la negociación con Bruselas, que la Comisión Europea desea comenzar el 19 de junio. La supervivencia de Corbyn como líder de la oposición se medirá contra los 232 escaños y 30,4% de votos que obtuvo hace dos años Ed Milliband, defenestrado tras su derrota frente a Cameron.

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