Viejo Continente
El parque Topiaria tiene 30.000 metros cuadrados en Durbuy (Bélgicca).

Cinco rutas para perderse por el Viejo Continente

Localidades mágicas, islotes casi deshabitados y cabos donde se acaba el planeta

De España a Bélgica o de Gales a Grecia pasando por Italia, todavía hay muchos lugares por descubrir en Europa para el viajero curioso. Muchos de estos bellos rincones siguen vírgenes al turismo de masas.

La magia del cabo Fisterra o el encanto de la villa medieval de Durbuy; las pequeñas islas apenas habitadas de Bardsey o Jalki, bañadas por el bravo mar de Irlanda o el tranquilo Mediterráneo, donde el tiempo transcurre lenta y apaciblemente, o el bello pueblo de Pacentro, con una ubicación estratégica entre los Apeninos y el Adriático. Localidades para disfrutar sin mirar el reloj, para jugar a trasladarnos en el tiempo y, ¿por qué no?, ser protagonistas de sus leyendas.

El pueblo más pequeño del mundo

El castillo de Durbuy, del siglo XI, es uno de sus monumentos más conocidos
El castillo de Durbuy, del siglo XI, es uno de sus monumentos más conocidos

Ni es pueblo ni es extremadamente pequeño, pero esta villa medieval de apenas 10.000 habitantes lleva ese sambenito desde tiempo inmemorial y le acompaña como reclamo turístico. Durbuy, en la región de Valonia, a 51 kilómetros de Lieja y 125 de Bruselas, estrenó su título de ciudad allá por 1331, un reconocimiento a su estratégico emplazamiento y su interés comercial. En la actualidad, Durbuy es de esas localidades con encanto que nos traslada a otra época y hay que visitar sin prisa. Sus callejuelas medievales y empedradas y sus viejas construcciones de piedra que se remontan a los siglos XVII y XVIII conviven hoy entre coquetas terrazas, tiendas de dulces, chocolates y antigüedades.

No se pierda el antiguo castillo del siglo XI ni el parque de Topiaria, a orillas del Ourthe, un espectacular jardín con más de 250 esculturas. Los amantes de la cerveza tienen cita obligada en la Microcervecería, donde podrán conocer cómo era la antigua elaboración manual. Los golosos disfrutarán en la fábrica de mermeladas artesanales Saint-Amour, famosa por su variedad de compotas, pero también por sus aceites y bálsamos para el cuerpo. Los más aventureros podrán perderse en el Laberinto de Barvaux –un campo de maíz gigante–, adentrarse en las grutas de Hotton o descender el Ourthe en kayak. Vuelos Madrid-Bruselas desde 252 euros con Brussels Airlines y Air Europa, en Skyscanner.com.

Al este del Egeo

Uno de los ferris dejando el puerto de Jalki.
Uno de los ferris dejando el puerto de Jalki.

Si alguna vez ha pensado en huir a una isla para alejarse del mundanal ruido y disfrutar del mar y la naturaleza sin reloj, la isla griega de Jalki, en el archipiélago del Dodecaneso, puede ser ese destino vacacional soñado. Al este del mar Egeo, este pequeño islote de solo 37 km2 de superficie, 10 km de longitud y un máximo de 3 de ancho es famosa por su tranquilidad. Su único pueblo, Emboriós, es el núcleo más poblado, aunque el censo estable en toda la isla a duras penas llega a los 500 habitantes. Destaca por sus casitas de colores pastel y tejados rojizos que contrastan con las puertas y ventanas de vivos colores y que en forma de media luna se dispersan alrededor del puerto. Otro atractivo es que aún conserva playas prácticamente vírgenes y solitarias; además, la casi inexistencia de tráfico la convierte en un lugar ideal para realizar excursiones por el interior y descubrir iglesias y monasterios.

Como dato curioso hay que señalar las dos torres de su puerto. A un lado está la iglesia de Agios Nikólaos, del siglo XVI, con su prominente campanario sobre el que se dice que es el más alto de todo el Dodecaneso, y al otro lado del embarcadero destaca una curiosa torre de piedra con un reloj. Desde Rodas, apenas 6 km las separan, o desde el Pireo (Atenas) y otras islas se puede acceder en ferri. Iberia Express tiene vuelo directo entre Madrid y Atenas desde 329 euros y a Creta desde 89 euros por trayecto.

Más bonito que ninguno

Contraluz de las torres del castillo de Pacentro.
Contraluz de las torres del castillo de Pacentro.

Las torres cuadradas del castillo de Cantelmos sobre la cima del monte Morrone nos desvelan un poco la magia de Pacentro, considerado uno de los pueblos con más encanto de Italia. El castillo, construido entre los siglos XIV y XV, domina el valle Pelligna y la ciudad, una inusitada e intrincada sucesión de casas hasta la cima de la colina, donde se construyó una fortaleza defensiva, hoy un espléndido mirador. Por doquier, en sus antiguas edificaciones, reconocerá vestigios medievales, renacentistas y barrocos.
Su situación geográfica en la región de Abruzzo, en el centro del país, que se extiende desde las cumbres de los Apeninos hasta el litoral bañado por el mar Adriático, y considerada también una de las más bellas del país, le permitirá hacer excursiones a Chieti, Teramo o L’Aquila. Ubicado a unos 167 km de Roma, se puede llegar en coche disfrutando del paisaje, en apenas dos horas de trayecto, o en tren hasta la estación de Sulmona y luego allí tomar un autobús para cubrir los 10 km que la separan de Pacentro.

Uno de los eventos más típicos de Pacentro es la llamada carrera de los que andan descalzos, que se celebra el primer domingo de septiembre. La festividad de la Madonna de Loreto es la excusa para un recorrido que se inicia en la colina Ardingo, lleno de subidas y bajadas hasta terminar en el umbral de la iglesia de esta virgen.

Hasta el fin de la Tierra

Primer plano de los acantilados de Finisterre.
Primer plano de los acantilados de Finisterre.

u historia está teñida de naufragios, los de los barcos que chocaban una y otra vez contra los afilados acantilados de la llamada Costa da Morte, pero también de un halo de romanticismo, el que deja en nuestra embaucada retina la majestuosa imagen del sol fundiéndose en ese mar salvaje en interminables atardeceres.

Era el fin del mundo. Finisterre. A 108 km de A Coruña descubrirá paisajes agrestes y playas impresionantes, unas al abrigo del cabo Fisterra, como le llaman los gallegos, de aguas tranquilas, y otras de fuerte oleaje como Mar de Fora, considerada como una de las playas más salvajes de Galicia. La mayoría de ellas solo aptas para surfistas sin miedo.

Su famoso faro, construido en 1853 a 138 metros sobre el nivel del mar, con el objetivo de llevar a buen puerto a los barcos, es hoy en día el segundo monumento más visitado de Galicia, tras la catedral de Santiago. Es la luz guía situada más al oeste de Europa. Remodelado en 1868, está formado por una torre octogonal, la casa del farero y una plaza de homenaje al general San Martín, la plaza de la República Argentina. Su luz llega a alcanzar 65 km de longitud.

Llegar hasta el cabo Fisterra es un reto para los peregrinos del Camino de Santiago, que finalizan aquí la dura travesía y muchos cumplen con la tradición de quemar a la orilla del mar sus ropas antes de emprender el regreso a casa.

La isla casi solitaria

El famoso faro cuadrado de Bardsey.
El famoso faro cuadrado de Bardsey.

Los 1.400 kilómetros de costa del País de Gales están salpicados de innumerables islas e islotes. Con la marea baja, algunos, los más próximos al litoral, se pueden alcanzar a pie; otros, son una tentación en el horizonte, y muchos, una quimera, porque los acantilados que los rodean los hacen inexpugnables, excepto para las colonias de frailecillos y otras aves endémicas del lugar.

Entre las islas que se pueden visitar está la de Bardsey, famosa por su faro, de 30 metros de altura e inusual planta cuadrada, construido en 1821; también es celebre su singular colonia de frailecillos en la punta de la península de Lleyn e impactante fue su peculiar anuncio hace unos años, cuando lanzó una oferta de trabajo para cuidar el islote, apenas habitado por una decena de personas y situado al norte de Gales sobre el mar de Irlanda, en la bahía de Cardigan.

Como todo el país, Bardsey está lleno de leyendas y se la conoce como la isla de los 20.000 santos porque durante mucho tiempo fue utilizada por muchos cristianos como lugar de peregrinación y retiro espiritual. Se cuenta que allí, en una cueva rodeada de 13 tesoros, descansa el rey de los magos, Merlín, esperando el regreso del rey Arturo. Desde el 2 de junio, Iberia Express enlaza con dos frecuencias semanales –jueves y domingo– Madrid y Cardiff.

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