Gilbert Saboya: “Con el fin del secreto bancario, necesitábamos nuevos sectores”

El actual ministro de Exteriores de Andorra aspira a potenciar los sectores de educación, sanidad e innovación

Considera que el tamaño del país permite utilizarlo como laboratorio empresarial

Gilbert Saboya, ministro de Exteriores de Andorra y futuro titular de Economía e innovación.
Gilbert Saboya, ministro de Exteriores de Andorra y futuro titular de Economía e innovación.
Andorra la Vella

Gilbert Saboya Sunyé (Sant Julià de Lòria, Andorra, 1966) ha sido ministro de Asuntos Exteriores de Andorra desde 2011 y en julio traspasará la cartera a la actual embajadora del país en Bruselas, Maria Ubach, para asumir Economía e Innovación. Nuevo apellido, “innovación”, que indica la vía que seguirá para mejorar la competitividad del país, haciendo del “defecto una virtud” y convirtiendo el pequeño tamaño del país, “que siempre fue un problema”, en un reclamo para quien busque testar iniciativas empresariales.

¿Cuál es su visión sobre cómo debe ganar competitividad Andorra en esta etapa?

Cuando uno quiere competir tiene que tener un buen equilibrio entre la homologación de tus normas, para que seas reconocible de forma muy rápida para los que quieren hacer negocios, y los elementos diferenciales para ser atractivo. En la primera legislatura había muchas reformas pendientes: apertura económica, equilibrar presupuestos para generar confianza, reforma fiscal para que tuviéramos un marco homologado y Andorra pudiera dejar de ser percibida como un paraíso fiscal, y avanzar en transparencia financiera internacional, lucha contra el blanqueo o intercambio automático de información. En el nuevo Ministerio tendría que ver cómo llevar a cabo proyectos desde esta base apoyándonos en activos que tenemos: calidad de vida, proximidad a Toulouse y Barcelona, innovación, educación… Que este marco sea un buen cobijo para iniciativas empresariales y nuevos sectores de actividad vengan a complementar a sectores tradicionales, turismo y sector financiero, sometidos a una gran competencia. Especialmente aquí, por la desaparición del secreto bancario, teníamos que hacer que emergieran nuevos sectores.

¿Qué nuevas actividades emergen?

Detectamos tres principales sectores: salud y bienestar, Andorra tiene unos activos importantes por su parque de más de 40.000 camas para acoger visitantes, un entorno natural privilegiado y una vocación a servicios de wellness. Tenía mucho sentido construir una oferta de servicios sanitarios de alta calidad. El segundo, educación, una apuesta decidida en un entorno plurilingüe y multicultural como el andorrano. Y el sector de nuevas tecnologías: la innovación tiene que ser una palanca sobre la que podamos ganar competitividad para los sectores tradicionales, comercio, shopping, e imaginar Andorra como un lugar donde se puedan probar nuevos modelos de negocio. Tenemos ocho millones de visitantes al año en un entorno muy reducido con una excelente fibra óptica. Y también vehículos autónomos y eléctricos.

¿Qué reto supone la apuesta por los nuevos sectores frente a los tradicionales?

Tenemos un PIB que entre el 40 y 50% se concentra alrededor de las actividades turísticas y comerciales. Y el sector financiero, el segundo mayor, pesa alrededor del 19%. Son dos sectores con un peso muy importante y la experiencia de las crisis nos ha demostrado que es muy peligroso depender solo de estos dos grandes sectores.

¿Y hacia qué nuevo mix económico cree que debería avanzar el país?

Es evidente que diversificarse va a llevar tiempo. Cuando hablamos de dos sectores que pesan el 75%, tener un objetivo de que el 10 o 15% de la economía venga de nuevos sectores es muy ambicioso. Por eso, la negociación con la UE nos tiene que garantizar que esta transformación absolutamente necesaria la pueden sustentar los sectores tradicionales. El turismo va a continuar siendo, de forma duradera, la principal actividad.

¿Y cómo reacciona una sociedad pequeña y cerrada al aperturismo con la llegada de mayor competencia?

Abrirnos en un contexto de crisis es muy difícil, porque la gente lo que persigue es protección, y que te abras quiere decir más competencia. Pero muchos medios empresariales habían entendido que el modelo se agotaba. Habíamos tenido la burbuja inmobiliaria, que lo había disimulado, pero todos sabíamos que teníamos menos turistas desde el 2005, bajaban las importaciones. ¿Cómo lo vivió la sociedad? De forma muy crítica, pero al final la responsabilidad de gobernar es tomar decisiones. Emergió un discurso más conservador, como en otros países de Europa, pero al final tienes un diagnóstico, te puedes equivocar o no, pero diagnosticamos que el modelo tradicional se estaba agotando, que teníamos que abrir nuevas vías. Y desde septiembre de 2013, el punto de inflexión, vemos una mejora constante y en algunos indicadores estamos en niveles precrisis. El turismo, en niveles de más que 2007.

Normas