El comprador de Popular contará con 1.250 millones para rebajar su factura

La entidad cuenta con un colchón que se convertirá en capital si caen sus ratios de solvencia

Las cotizaciones de los bonos se han hundido y se pagancon descuentos del 25% al 34%

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La misión de Emilio Saracho en Popular tendrá un primer hito el 10 de junio, fecha en que deben estar listas las ofertas para comprar la entidad financiera. Se esperan las pujas, como mínimo, de Santander, BBVA y Bankia.

Las eventuales pérdidas ocultas de Popular complican las propuestas, y fuentes conocedoras de la situación del banco dicen que en la negociación será clave la deuda subordinada. En la primera línea de fuego de esta se sitúan los bonos contingentes convertibles –cocos o Additional Tier 1 (AT1), en la jerga–.

Popular lanzó 500 millones en cocos en 2013 a un tipo de interés del 11,5% y otros 750 millones al 8,25% en 2015. Sus costes anuales rondan los 120 millones de euros. Ahora, ambas emisiones cotizan con descuentos del 25% al 34% frente a su valor nominal, lo que ha disparado las rentabilidades a niveles récords.

El abono de los intereses de estos instrumentos es absolutamente discrecional y la fecha de los próximos pagos es el 10 de julio. Aunque un portavoz de la entidad señala que “la intención del banco es hacer frente a sus compromisos”.

El abono de los intereses está condicionado a que Popular mantenga una ratio de capital total –incluyendo el de máxima calidad o CET 1, el AT1 y el Tier 2, el último nivel computable– del 11,375%, cuando a cierre de marzo estaba en el 11,91%. El colchón es de 53 puntos básicos, equivalente a unos 400 millones, suficiente para pagar los cocos. Pero el propio pago de estos instrumentos reduce los fondos propios de la entidad, pues debería abonarlos con cargo a los 3.594 millones en reservas distribuibles que tenía apartados en marzo. Fuentes financieras señalan que lo lógico es que el propio supervisor –el BCE– desaconseje el abono de los intereses de este instrumento.

La intención del banco es hacer frente a sus compromisos en la próxima fecha de pago del 10 de julio

El eventual comprador de Popular podrá también negociar la detonación de los cocos, con su consiguiente transformación en acciones. Las emisiones suman 1.250 millones de euros que se descontarían de una eventual ampliación de capital que debiera ejecutar el adquiriente. “Los instrumentos AT1 no están incluidos en el CET1, por lo que si se produjera una conversión en acciones esto tendría un impacto positivo en el CET1 del banco”, explica María Viñuela, assistant vice president de Moody’s.

La conversión no es potestativa, sino que sería obligatoria en caso de que la ratio CET 1 de la emisión de 2015 caiga por debajo del 7%; en la de 2013 el umbral es el 5,125%.

Los niveles actuales de CET1 de Popular se sitúan en el 10,02%, si bien el eventual comprador podría pactar unas provisiones que tuvieran como consecuencia unas pérdidas suficientes para activar estos instrumentos. Los números rojos se comerían los fondos propios y se produciría la metamorfosis. Los dueños sufrirían unas minusvalías superiores al 50% según el cierre de ayer de Popular de 0,676 euros por acción. El canje mínimo es de 1,549 euros en la emisión de 2015 y de 1,653 en la de 2013.

El comprador podrá pedir también una reducción de capital para absorber pérdidas. Y, tras los cocos, el siguiente nivel de deuda subordinada es la Tier 2, de la que tiene 636 millones. “Lo lógico es que el que tome el control exprima los colchones de capital de Popular”, según fuentes financieras.

¿Bonistas obligados a vender?

Los compradores de bonos contingentes convertibles (cocos) son principalmente fondos que invierten en renta fija. Una eventual transformación en acciones los obligaría a salir inmediatamente del valor. Al mismo tiempo, las ventas masivas ante la posibilidad de que se produzca un impago ha hundido el precio de estos instrumentos, al tiempo que han disparado sus rentabilidades.

Habrá que ver las condiciones que exigen los eventuales compradores de Popular, pero los analistas consultados advierten que lo lógico es que los interesados presionen al máximo. El mercado baraja unas necesidades de capital para la entidad que pilota Emilio Saracho en el entorno de los 6.000 millones de euros para afrontar las provisiones necesarias para el ladrillo tóxico.

Antes de nada, el nuevo propietario de Popular tratará de reducir su factura con una suerte de bail in (rescate interno) que deberían asumir los actuales accionistas y acreedores de Popular, según las fuentes de banca de inversión consultadas.

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