La vida sigue igual tras el regreso de Sánchez

La victoria de un viejo conocido en las primarias de un partido que no gobierna tiene una relevancia ínfima

Pedro Sánchez, tras conocer su victoria en las primarias del PSOE.
Pedro Sánchez, tras conocer su victoria en las primarias del PSOE.

La reciente victoria de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE ha desatado todo tipo de inquietudes sobre el efecto negativo que la inesperada decisión de la militancia pudiera tener sobre la economía española en su actual tendencia positiva. La realidad del día después ha diluido gran parte del nerviosismo, mostrando unos indicadores de los mercados tan sensibilizados a la victoria de Sánchez como con la victoria del Real Madrid en la Liga. Sin reacción alguna.

Días antes de las primarias socialistas se escuchaba y leía sobre graves riesgos en la entonces poco probable victoria del candidato Sánchez. Presumible batacazo bursátil y vuelta a una prima de riesgo creciente parecían seguros vaticinios apocalípticos, que recordaban similares previsiones tremendistas del pasado reciente, como la inesperada victoria del brexit o la sorprendente elección presidencial de Donald Trump. Pareciera como si en los últimos meses la economía se empeñara en demostrarnos que, o bien sobrevaloramos los riesgos, o infravaloramos su capacidad para adecuarse a los acontecimientos por improbables que sean.

La prima de riesgo del lunes, cercana a los 120 puntos, fue similar a la del viernes, cuando la candidata Susana Díaz parecía llamada a la secretaría general socialista. Y lo mismo ha sucedido con los índices bursátiles, sin movimientos bruscos, ni al alza ni a la baja. ¿Qué factores han provocado que nada haya cambiado, aún cuando parecía que nada iba a permanecer igual?

Es indudable que, a medida que rodamos en el nuevo escenario de información continua e instantánea de la siempre mencionada globalización, la economía perfecciona su capacidad para anticipar las consecuencias de los diferentes resultados electorales, o de consulta popular, sean cuales sean. 2016 y 2017 nos han dado múltiples ejemplos de esta capacidad de adaptación frente a sucesos que, meses antes, desestabilizaban a los analistas más equilibrados. Perder un socio estratégico de la UE o la elección del presidente de EE UU más controvertido de las últimas décadas, apenas han variado las agujas que marcan los índices bursátiles o de los riesgos en los mercados nacionales y extranjeros. Tras estos ejemplos se comprende que unas elecciones primarias de un partido tradicional, que no gobierna y que se resuelve con la victoria de un viejo conocido, con manifiestas dificultades para ocupar la presidencia del Gobierno, pase inadvertida para la economía del país. Y aunque ese argumento explica una parte de lo poco o nada que la victoria de Sánchez ha provocado en la economía española, la mayor parte de la justificación viene de la ínfima relevancia que esta tiene, en la evolución de nuestra economía de los próximos meses. En la actual condición de segundo partido en el Congreso, con solo 85 escaños, peleando por no convertirse en la tercera fuerza política del país y segunda de la izquierda, y tras comprobar cómo saltaron todas las alarmas cuando se intuía su supuesto intento de acuerdo de gobierno multicolor, incluyendo respaldos independentistas, Sánchez lidera un PSOE mucho más acuciado por necesidades internas, de costuras inválidas y jirones múltiples, que con capacidad para alcanzar el gobierno de manera anticipada e influir en la política económica española. La anunciada moción de censura planteada por Podemos, de la que Sánchez se ha desmarcado y en la que no ocupa si quiera la cabeza, desactiva a corto y medio plazo cualquier opción realista de mover el sillón presidencial a su favor.

A buen seguro los próximos días, semanas y meses el PSOE se dedicará a la organización y buena gestión del congreso de junio, a la reconfiguración de las baronías territoriales, con sonadas bajas y altas, al diseño de una estrategia que saque al partido del actual empate en encuestas con Podemos, y a digerir una segunda etapa sanchista que, aunque inesperada, dota al secretario general de una experimentada capacidad para no cometer los errores del pasado, que le desplazaron del puesto en octubre. El hecho de haber sido secretario general en el pasado, y en circunstancias más inciertas, hace que la economía descuente con indiferencia el efecto Sánchez. El PSOE ha vuelto a la casilla de salida, pero resolviendo muchas variables que hacían de Sánchez una incógnita: eliminada la variable Susana, despejada la variable abstención y reducida la variable del respaldo legítimo; Sánchez sabe más, tanto lo que no debe hacer como lo que debe hacer, y eso ayudará a que la economía continúe estable y aislada de lo que en el PSOE suceda. Como dice Julio, la vida sigue igual.

Fernando Tomé es decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nebrija.

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