El difícil salto del aula a la empresa

La crisis, la desconexión entre lo académico y lo laboral y un tejido empresarial dominado por pymes influyen en la baja empleabilidad

El difícil salto del aula a la empresa

Estudiar una carrera no garantiza ya un puesto de trabajo, tampoco su mantenimiento o un mejor salario. La transición del aula al trabajo es cada vez más difícil. El último informe Panorama de la educación, indicadores de la OCDE 2016, publicado por el Ministerio de Educación, revela que el desempleo en los titulados españoles (11,6% en promedio) prácticamente duplica la media europea (6,3%). Sucede en todos los niveles (formación profesional, grado, máster y doctorado), aunque disminuye según se escala de categoría. La mayor ocupación está en los doctorados (90,4%).

¿A qué se deben estas diferencias? Por un lado, a “la discrepancia entre los estudios y las demandas reales de las empresas”, explica Juan Luis Rubio, vicerrector de relaciones universidad-empresa de la Universidad a Distancia de Madrid (Udima). Un problema visible en las áreas de ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas, con déficit de perfiles pese a la alta tasa de paro en España (18%). “Las vacantes no se cubren ni se cubrirán en los próximos años con los egresados actuales; muchos ni se plantean siquiera realizar estos estudios”, critica.

El desempleo en los titulados españoles (11,6%) prácticamente duplica la media europea (6,3%) 

“Hay una enorme dispersión de carreras en términos de paro: algunas cuentan con el 0% y otras superan el 45%. Si siguen matriculándose en estas últimas disciplinas, es difícil que la tasa pueda reducirse”, advierte Valentín Bote, director de Randstad Research. Además de la preferencia de graduados frente a técnicos. “Ha habido una etapa en la que se ha denostado la FP, generando una sobredemanda de cualificación”, apunta Rubio. O la predilección por ser funcionario en vez de emprendedor, añade.

Falta de candidatos

Por otro lado, la crisis, que ha alargado la docencia por la destrucción de empleo y menor contratación, y disminuido los salarios. “En el sector bancario, que antes incorporaba a muchos recién graduados, las fusiones han obligado a reducir plantillas, y ahora no tiene la misma capacidad. Al contrario, el tecnológico genera muchas ofertas y no encuentra candidatos”, ilustra Olga Lasaga, directora del servicio de prácticas y empleo de la Universitat Abat Oliba CEU.

También está asociado al tejido empresarial. “El tamaño de las empresas, más pequeñas, reduce la necesidad de disponer de personas con capacidad creativa y de innovación, y hace que el paro sea incluso mayor en épocas de bonanza”, comenta Francisco Michavila, director de la cátedra Unesco de Gestión y política universitaria. Y a la calidad de la educación. En los últimos años ha caído el gasto público en esta partida: para 2017-2020 representará apenas el 3,7% del PIB, cuando antes estaba por encima del 4%.

Más innovación

Michavila identifica, además, unos “puntos flojos” en la educación superior: la metodología. “Las instituciones deben ser menos teóricas y memorísticas y aplicar más el conocimiento y la innovación. No se está aprovechando el impulso del espacio europeo ni se le da importancia a los servicios de apoyo al estudiante”, avisa.

Por ejemplo, en las universidades de los Países Bajos (su referencia europea) favorecen mucho la transformación de las ideas en productos al servicio de la sociedad; la creación de startups, la captación de inversores y apertura de mercados para las soluciones tecnológicas, cuenta. “Un trabajo muy importante en el que España no está en cabeza”, subraya.

Con todo, ¿qué hacen las universidades? En la Universitat Abat Oliba CEU es obligatoria una formación de 30 horas en las cinco competencias más demandadas en el área del alumno, así como asesorías, comenta Lasaga. Además, se celebran grupos de discusión y desayunos sectoriales con empresas. El 95,2% de sus titulados tienen trabajo y el 89% lo encontró en menos de tres meses, según la Agència per a la Qualitat del Sistema Universitari de Catalunya.

En la Universidad de Sevilla se centran en prácticas curriculares y extracurriculares (11.000 en total), y potencian su portal de empleo, la orientación laboral, presentaciones de empresas y la formación transversal, “para que sean capaces de afrontar una entrevista de trabajo”, cita José Guadix, director general de transferencia.

Desarrollo de competencias, encuentros empresariales, prácticas extracurriculares o asesorías son algunas de las medidas universitarias

El paro de sus egresados está en torno al 20% (al año y medio de haber finalizado sus estudios), calcula. La Universitat de Barcelona pone también el foco en las prácticas curriculares y extracurriculares (superior a 14.000 al año), el desarrollo de competencias y la búsqueda de empleo con vocación.

La Complutense de Madrid, a través de su Oficina de Prácticas y Empleo (OPE), ofrece talleres con reconocimiento de créditos, prácticas académicas externas y acceso a ofertas de empleo, entre otros. Y la Universidad Politécnica de Madrid apuesta “fuertemente” por el emprendimiento. En sus centros de innovación se han creado 150 empresas.

Recetas adicionales

Transformación del mercado laboral, para que las empresas generen conocimiento, y del sistema productivo, “dejar de vernos como un país de servicios”, opina Nuria Martín Piris, adjunta al vicerrector de alumnos de la Universidad Politécnica de Madrid; reestructurar la oferta universitaria, para disminuir el exceso de titulados, y fomentar los servicios de orientación profesional son las medidas adicionales que plantean las instituciones consultadas.

Pero, sobre todo, aumentar el gasto en educación, eliminar las trabas burocráticas y administrativas e incrementar las políticas específicas de empleo por parte del Gobierno, “que se deben llevar a cabo y no se hacen”, reprocha Francisco Michavila, director de la cátedra Unesco de Gestión y política universitaria.

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