Cuatro rutas de altura solo para aventureros

Desde el Parque Natural de la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas a la sierra de Guadarrama, una expedición por bosques de pinos, encinas y lagos de origen glaciar

El valle de Nuria, enclavado entre cumbres de casi 3.000 metros.
El valle de Nuria, enclavado entre cumbres de casi 3.000 metros.

La madre naturaleza le está llamando, así que no espere más y salga de casa. Ante usted se despliega un gigantesco entorno salvaje deseoso de que alguien lo explore. Silenciosos bosques de pinos y encinas surcados por sendas de pastores desde hace siglos que hoy son el lugar con el que los amantes del trekking y mountain bike sueñan despiertos.

Los lagos de origen glaciar se enmarcan aquí en un circo de montañas de hasta 3.000 metros de altura, y los ríos y torrentes descienden por las laderas de los Pirineos o Picos de Europa esculpiendo profundas gargantas que ponen la piel de gallina... Y aún no hemos ni empezado.

El próximo domingo, 21 de mayo, quedará establecido como Día Europeo de la Red Natura 2000, un proyecto financiado por la UE para la conservación y recuperación de hasta 27.000 zonas protegidas, donde España tiene el privilegio de ser el país con mayor superficie (222.276 km2, el 27,3% del total). Es hora de salir y echar mano de las botas, el mapa y la brújula. Le sugerimos cuatro expediciones por los parques nacionales y naturales más famosos y también desconocidos de España.

Por los senderos de Jaén con la guía de los pastores trashumantes

Expedición por las vías pecuarias con los pastores trashumantes.
Expedición por las vías pecuarias con los pastores trashumantes.

Con 2.000 km2, hablamos del espacio natural protegido más grande de España, en la provincia de Jaén, declarado Parque Natural desde 1986. No hay quien conozca mejor esta tierra que los que llevan siglos viviendo aquí, recorriendo cada uno de sus caminos, subiendo sus montañas o cruzando sus riachuelos.

Los pastores trashumantes son los únicos guías permitidos en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas y acompañarles en sus rutas, transportando su ganado en verano o invierno en busca de los mejores pastos, es un regalo para los sentidos.

Comenzamos nuestra expedición de tres días bordeando el pantano de Guadalmena, en el límite de Sierra Morena, cerca de Chiclana de Segura. Antes de que salga el sol, ya se moviliza el campamento. El ritmo es lento y constante, no hay prisa, aquí mandan las ovejas. Los paisajes se suceden como si de una galería de arte paisajista inglés se tratara, y también las anécdotas trashumantes sobre personajes tan divertidos como difíciles de creer. En las cotas bajas nos enfrentamos con una auténtica selva mediterránea, con olivos que dan paso al bosque de pinos, encinas y plantas endémicas como la cornicabra o la violeta de Cazorla según se asciende.

Rumbo a Pontones, pasamos Beas de Segura y subimos hasta la Cañada de los Caballeros, un precioso cerro ideal para acampar. Subimos por la vía pecuaria hasta las cumbres de Beas para bajar hasta el gran pantano del Tranco por la cuesta de Cañamorales, en un paisaje precioso rodeado de chopos, sauces y pinos. No es raro ver algún corzo, ciervo, cabra montesa o águila real por aquí.

Descender por el canal de Trea entre rebaños de rebecos

La llanura de Pandébano, con el Naranjo de Bulnes al fondo.
La llanura de Pandébano, con el Naranjo de Bulnes al fondo.

Un clásico en lo que a entornos naturales se refiere. El más antiguo de los parques nacionales españoles, desde 1918, y Reserva de la Biosfera desde 2003. Este parque se localiza en la cordillera cantábrica, entre León, Cantabria y Asturias. Son miles las rutas que atraviesan estas 67.455 hectáreas y casi todas ellas entrañan cierto peligro por la cambiante orografía de afilados riscos de roca caliza, valles glaciares, simas y abismales hoces como la garganta del río Cares.

Nuestra expedición nos llevará tres días partiendo de uno de los lugares más emblemáticos, los lagos de Covadonga, a algo más de media hora en coche desde Cangas de Onís. Aquí, en este entorno bucólico con los inseparables lagos Enol y Ercina, protegidos por las nevadas montañas, comenzamos nuestra ruta por un sendero que nos llevará hasta el alto de la Vega de Ario. En esta llanura se conserva un refugio de montaña con vistas de los imponentes picos del macizo central de más de 2.500 metros de altura y donde no falta el excelente ambiente campista. Desde aquí descenderemos rumbo a la garganta del Cares, por el famoso canal de Trea, un peligroso sendero con más de 1.200 metros de desnivel, concurrido por rebaños de rebecos. El sendero del Cares es sencillo pero las vistas de este gigantesco desfiladero esculpido por el río dejan sin habla.

Nuestra última jornada de ruta nos llevará desde Poncebos hasta la llanura de Pandébano, el mejor escenario posible para contemplar la más famosa de las montañas asturianas, el Naranjo de Bulnes, parando en el pintoresco pueblo de Bulnes, aislado en medio de la montaña.

Hacia la cima del Puigmal y de peregrinaje al santuario de Nuria

El santuario de Nuria, al que solo se puede acceder en tren de cremallera.
El santuario de Nuria, al que solo se puede acceder en tren de cremallera.

En Cataluña, esta es una ruta de culto. A dos horas desde Barcelona se encuentra Queralbs, en el Pirineo gerundense. Esta pequeña aldea, escalonada en la montaña y lindando con Francia, es lugar de encuentro obligado para excursionistas a las puertas del icónico valle de Nuria y del monte Puigmal. En esta ruta se adentrará en el Parque Natural de las Cabeceras del Ter y del Freser, de 14.750 hectáreas, a través de dos días de marcha por estos valles pirenaicos.

Desde Queralbs tomaremos la ruta occidental rumbo al Puigmal por un sendero que discurre a través de extensos praderíos bordeando la ladera hasta perderse en la inmensidad del bosque de abetos y pinos. El torrente de Fonseca nos guía por la ladera hasta las cumbres que hacen de frontera natural entre España y Francia. Seguiremos por esta hilera montañosa hasta alcanzar la pedregosa cima del Puigmal, a 2.909 metros de altura y presidida por una gran cruz de hierro.

El descenso hasta el valle de Nuria nos lleva por un abrupto camino hasta alcanzar el río Embut y cruzar valles poblados de ganado y caballos en libertad. Ya se divisa Nuria a lo lejos, encajonada entre montañas, junto a su lago artificial y el bosque de pinos de Sant Gil. Es este un lugar con magnetismo especial; un monasterio mariano, lugar de peregrinaje religioso y destino indispensable del movimiento excursionista catalán. Su estupendo hotel es ideal para el retiro y su estación de montaña, para las actividades en familia. Para volver hasta Queralbs continuaremos por la GR 11 zigzagueando por las gargantas de Nuria.

El mejor plan de desintoxicación de la capital

Parque Natural de la Sierra de Guadarrama en invierno.
Parque Natural de la Sierra de Guadarrama en invierno.

Es cierto que en Madrid no tienen playa, pero de montaña van bien servidos. En 2013 se declaró la Sierra de Guadarrama como último Parque Nacional español, aunque aquí lo llevan disfrutando toda la vida. En este entorno, a menos de una hora de la capital, en el municipio de Rascafría, se encuentra el macizo de Peñalara, de estructura de granito y restos glaciares y, sin duda, el mejor plan posible para todo aquel que necesite huir del asfalto de la gran ciudad.

Este es un recorrido circular tranquilo, perfecto para hacer en familia en una travesía de seis horas desde el puerto de Cotos, que separa las provincias de Madrid y Segovia. La pista serpentea por la pendiente hasta alcanzar la cara occidental de Peñalara, el mayor pico de la sierra con 2.428 metros de altura. No se extrañe si encuentra más gente de la que se imaginaba en la cumbre, ya que esta es la montaña más emblemática y más alta de la sierra y principal vía de escape de Madrid, con estupendas vistas de todo el Sistema Central. La bajada por la cara noreste es lo más complicado de la ruta, con formaciones rocosas de granito que le obligarán a no despistarse un segundo.

El premio es extraordinario y bien merecido. Al abrigo de Peñalara nos encontramos con cinco pequeñas lagunas de origen glaciar, que por su poca profundidad (apenas 50 centímetros) no son el mejor lugar para darse un baño, pero sí para sacar estupendas fotos. La vuelta hasta Cotos nos conduce por un camino de madera cruzando la llanura y, después, un frondoso bosque para rematar así el mejor plan de desintoxicación de Madrid.

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