Si Reino Unido debilita el libre mercado, otros irán detrás

Los dos grandes partidos han prometido intervenir los precios de la electricidad

Hay posibles políticas matizadas, más difíciles de convertir en eslóganes electorales

Jeremy Corbyn, líder de los laboristas británicos, el miércoles, en un mítin en Leeds.
Jeremy Corbyn, líder de los laboristas británicos, el miércoles, en un mítin en Leeds.

Gane quien gane las elecciones de Reino Unido, los mercados libres serán los perdedores. Los dos grandes partidos han prometido intervenir los precios de la electricidad. Si los conservadores dejan de ser adalides de la oferta y la demanda, habrá menos razones para que otros países avancen en ese sentido.

El mercado libre eléctrico no ha funcionado realmente. Gran Bretaña desreguló las tasas en 1999, mucho antes que la mayoría del resto de Europa. Con seis grandes proveedores, es uno de los mercados más competitivos del bloque, pero la prima respecto al precio mayorista es más grande que la de cualquier otro país europeo.

La razón es que dos tercios de los hogares siguen pagando tarifas por defecto en lugar de cambiar a opciones más baratas. Algunos pueden tener razones válidas para ello; en otros casos, solo puede ser por pereza. El caso es que los clientes inactivos e insensibles al precio terminan subvencionando a los más inteligentes.

Estas deficiencias merecen alguna forma de intervención estatal, pero ¿cuánta? El plan de la primera ministra, Theresa May, de limitar las tarifas estándar va demasiado lejos. Las acciones de las eléctricas cayeron un poco cuando se anunció el plan, pero en realidad los inversores deberían estar contentos. Un límite impuesto por el Gobierno en la práctica hace que el Estado sea el responsable de mantener funcionando grandes proveedores ineficientes.

Un enfoque más sensato sería introducir límites sólo para los clientes “vulnerables”. O que el Gobierno gaste en almacenamiento de gas, minimizando los cambios estacionales de precios y bajándolos en general. Pero las políticas matizadas son más difíciles de convertir en eslóganes electorales.

Está cada vez más claro que el populismo triunfará sobre la economía fundamentada. Eso tendrá efectos a nivel mundial. May también ha insinuado que protegerá las empresas británicas de compradores extranjeros –sería un pretexto para que otros Estados hicieran lo mismo. Para un país deseoso de ser una nación de libre comercio global, enviar un mensaje de que los mercados mayormente libres están pasados de moda es acumular problemas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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