¿Durará el flechazo de Bruselas con Macron?

La CE es proclive a los idilios políticos, pero suelen ser tan intensos como breves

¿Durará el flechazo de Bruselas con Macron?

Bruselas es proclive a los flechazos políticos, pero sus idilios suelen ser tan intensos como breves y malaventurados.

El último arrebato se llama Emmanuel Macron, que ha encandilado a miles de eurócratas con su paseo triunfal del domingo por la explanada del Louvre bajo los sones del himno de la alegría después de aplastar electoralmente al Frente nacional de Marine Le Pen con un 66% de los votos.

El resultado ha convertido a Macron en el nuevo darling de la capital europea. Los comisarios europeos aireaban ayer las fotos en las que hace meses aparecían junto a él. Y algunos hasta codean ya para llegar a ministro de Economía de la zona euro, un cargo que Macron pretende crear para atribuirle la vigilancia presupuestaria en la UE y darle las llaves de un presupuesto común de la zona euro.

El plan de Macron es música celestial para Bruselas, que lleva años defendiendo sin éxito propuestas similares. Pero su viabilidad dependerá, como casi todo en la UE, del entendimiento con Alemania. Y Berlín no se mueve por flechazos.

“El establishment en Alemania está encantado con la victoria de Macron, pero está dividido sobre cómo responderle”, advertía ayer Charles Grant, del instituto de estudios Centre for European Reform.

El analista británico, buen conocedor de los entresijos políticos de la capital alemana, aseguraba que tanto la canciller alemana, Angela Merkel, como su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, dudan de que el nuevo presidente francés pueda cosechar grandes éxitos a corto plazo.

Algunos miembros de la CDU, el partido de Merkel y Schäuble, van más lejos y desconfían de las intenciones “keynesianas” de Macron. Y consideran que, incluso si acomete las reforma del mercado laboral y de las pensiones, Berlín debería mantener su rechazo a nuevos mecanismos de solidaridad dentro de la zona euro. “¿Por qué debería pagar el resto de la UE siFrancia hace algo que es bueno para Francia?”, se pregunta un ayudante de Merkel, según un comentario recogido por Grant.

Fuentes europeas en Bruselas se muestran más optimistas. Y están convencidas de que tras las elecciones de septiembre en Alemania, Berlín ofrecerá a Macron “alguna medida que le ayude a completar su agenda de reformas internas”.

El alcance de la oferta dependerá del desenlace de unas elecciones en las que Merkel se enfrentará al socialista Martin Schulz, en principio, más favorable a una reforma de la zona euro que frene la creciente divergencia entre sus socios.

Pero en Bruselas consideran que si gana Merkel, como indican todos los sondeos a cuatro meses de los comicios, es probable que la canciller tenga que contar de nuevo con el partido de Schulz. Y en función del equilibrio de fuerzas, los socialistas podrían intentar hacerse con la cartera de Finanzas o forzar una postura más flexible que la de Schäuble.

A favor de la tesis optimista, fuentes europeas invocan la urgente necesidad de frenar las corrientes euroescépticas y no solo en Francia, donde el Frente Nacional logró el domingo 10,6 millones de votos, con un gran apoyo, según los sondeos, entre los electores más jóvenes.

En Alemania, el partido eurófobo Alternative für Deutschland también logró el domingo entrar en el Parlamento de Schleswig-Holstein, el duodécimo parlamento regional donde se hace con algún escaño.

“La UE no puede sobrevivir a muchas elecciones con este tipo de resultados”, advertía el ex ministro alemán de Exteriores, Josckha Fischer, tras la primera vuelta de las elecciones francesas, en las que casi la mita del electorado apoyó a fuerzas euroescépticas.

En la segunda vuelta del domingo, un tercio del electorado prefirió abstenerse (25%) y votar en blanco o nulo (12%, récord en ese tipo de papeletas) antes que apoyar al euroentusiasta Macron.

Pero algunos analistas consideran que la presión euroescéptica juega precisamente en contra del acuerdo entre Berlín y París en materia económica, porque el Gobierno alemán no se atreverá a enfrentarse con su electorado.

Merkel ya ha visto desfilar desde 2005 a tres presidentes de la República francesa (Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande). Y con ninguno de ellos, por diferentes motivos, ha cuajado una relación fructífera que permitiese impulsar el proyecto europeo.

“Desde 2005 hemos vivido una década perdida y se ha expandido el sentimiento de distanciamiento hacia la UE”, diagnostica el programa electoral de Macron. Y promete transformar el club “en una Europa que proteja “ y que “recupere la confianza d de los europeos”.

El plan incluye la citada creación de un ministerio europeo de Finanzas y de un presupuesto común para la zona euro; el establecimiento de estándares sociales en materias como el seguro de desempleo o el salario mínimo; el establecimiento de un control europeo sobre las inversiones extranjeras para proteger áreas estratégicas; y la promulgación de una Buy European Act, similar a la de EE UU, que excluya de los mercados públicos a las empresas que no mantengan en territorio europeo al menos la mitad de su producción.

Macron también sugiere n fondo europeo de inversión en capital riesgo dotado, al menos, 5.000 millones de euros. La creación de una Agencia de seguridad digital encargada de vigilar a las grandes plataformas de internet (como Facebook), la mayoría estadounidenses. O la dotación de 5.000 efectivos para una guardia europea de fronteras.

Todo unido a una refundación democrática de la UE a través de “convenciones nacionales “ que desde finales de 2017, y durante seis meses, recaben la opinión de las fuerzas sociales. A partir de esas propuestas, una cumbre europea fijaría “una hoja de ruta breve” con “medidas concretas” para el próximo lustro.

Como cabía esperar, las instituciones europeas han caído rendidas ante esas propuestas.

Pero el presidente electo de Francia es solo el último de una larga lista de próceres que parecían llamados a sacar a la Unión Europea del marasmo y la crisis de confianza que atraviesa desde hace más años. Parecido entusiasmo provocaron en su día Tony Blair, Angela Merkel, Nicolas Sarkozy, Enrico Letta, Yorgos Papandreu, Mario Monti y hasta François Hollande y David Cameron. Todos ellos fueron recibidos en Bruselas con los brazos abiertos. Y en casi todo los casos, los espasmos iniciales de alegría terminaron en estertores de frustración.

Normas