Alitalia encara otro aterrizaje forzoso

El rechazo al plan de reestructuración la coloca al borde una nueva quiebra

Es difícil que la intervención del Gobierno evite los recortes de empleo

Manifestación de trabajadores de Alitalia en huelga, el pasado 5 de abril en el aeropuerto de Fiumicino (Roma).
Manifestación de trabajadores de Alitalia en huelga, el pasado 5 de abril en el aeropuerto de Fiumicino (Roma).

Alitalia ha llegado a su destino final –otra vez. Los empleados de la aerolínea rechazaron el lunes una reestructuración que habría traído una financiación desesperadamente necesaria. Es probable que entre en quiebra, y haya una división o venta de la empresa. Acabar con la agonía sería preferible a otro rescate chapucero, pero podría alimentar el descontento preelectoral.

La empresa ha sido mantenida con vida mediante soluciones diseñadas para mantener sus 12.000 empleos. Los últimos dueños, la aerolínea de Emiratos Etihad y algunos bancos italianos, esperaban ganar tiempo reduciendo salarios y empleos, pero seguían confiando en una recuperación de los vuelos internacionales, y una difusa garantía del Gobierno.

El plan ha sido tumbado por los empleados a los que se suponía que iba a salvar. Contemplaba 1.700 reducciones de empleos y una bajada salarial del 8%. El rechazo hace probable que Alitalia se quede pronto sin dinero. La administración especial, una fórmula de quiebra usada por última vez en la aerolínea en 2008, es el siguiente paso lógico.

Una solución adecuada sería una reestructuración o división drástica. Las compañías de bajo coste están erosionando sucuota de mercado interno y los trenes de alta velocidad ofrecen una alternativa más barata. El coste por pasajero de Ryanair, líder del mercado, era casi la mitad que el de Alitalia en 2015.

Puede que los empleados piensen que la administración especial sería una solución más generosa, especialmente si interviene el Gobierno. Podría dar más fuerza de negociación a Alitalia frente a las firmas de leasing. Pero es difícil ver una alternativa a los recortes de empleo. Lufthansa o Ryanair pueden estar interesados, pero solo en trocitos, o una versión radicalmente adelgazada. Las normas europeas impedirán a Italia dar un cheque en blanco.

Las aerolíneas tienen simbolismo político, e Italia encara elecciones en 2018. Un gran recorte de empleos sería un regalo para el Movimiento de 5 Estrellas, que había pedido la nacionalización de Alitalia y que tiene una intención de voto del 29%. Italia ha retrasado lo inevitable durante muchos años. Ahora es mal momento para un aterrizaje forzoso.

 

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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