Verano caliente, bienio de incertidumbre

El ratio de cotizaciones respecto a beneficio en EE UU equivale a los de antes del crack del 29 y el 87

El presidente de EE UU, Donald Trump.
El presidente de EE UU, Donald Trump.

Los indicadores macroeconómicos, los índices de las bolsas y las previsiones de los organismos internacionales para 2017 y 2018 invitan al optimismo. El FMI proyectó en enero una aceleración de la economía internacional del 3,1% en 2016 al 3,4% en 2017 y 3,6% en 2018. Destaca el mayor crecimiento que registrarán las potencias emergentes (4,5% en 2017), así como las economías desarrolladas (1,9%). Según el FMI, el PIB de India aumentará un 7,2%, y el de China se desacelerará suavemente al 6,5%. EE UU puede crecer a un ritmo anual del 2,3% si la administración Trump consigue la aprobación de su presupuesto y estímulos fiscales. Tras dos años de superar en crecimiento a la economía internacional (3,2%), para España en 2017 el FMI prevé un 2,3%, aún superior a nuestros socios de la UE. La deflación ha sido derrotada, y las reformas estructurales y austeridad emprendidas en determinadas economías desarrolladas han reducido sustancialmente sus déficits públicos y contenido sus niveles de deuda.

El consumo privado, después del desapalancamiento necesario, impulsa junto con la inversión, la construcción y las exportaciones la expansión de la mayoría de economías desarrolladas, y especialmente la de España. A los mercados ni les inquietan las necesarias recapitalizaciones de algunos bancos italianos. El avance del populismo económico ha sido frenado tras el brexit y la elección de Trump con la victoria de los partidos moderados y derrota de Geert Wilders en los Países Bajos. Emmanuel Macron aventaja en 21 puntos a Marine Le Pen en la amplia encuesta de Le Monde/Cevipof a cuatro semanas de la segunda vuelta de las presidenciales francesas. Trump parece descartar acciones unilaterales en el frente comercial y busca la negociación bilateral para extraer concesiones. Se han recuperado y estabilizado los precios del petróleo y de las materias primas, cuyo desplome en 2014 desató una fuerte crisis en países emergentes y en vías de desarrollo dependientes de su exportación. A pocos días de las reuniones de primavera del FMI y Banco Mundial, muchos analistas comparten este panorama halagüeño.

Deberíamos sin embargo examinar con más profundidad algunas de las tendencias económicas y financieras, así como los planes de la administración Trump y los retos a los que nos enfrentamos en los próximos dos años. El nuevo presidente ha desviado la atención de su incapacidad de suprimir Obamacare con el necesario ataque a Siria tras el asesinato de más de 80 civiles con gas sarín, y de paso lanzado una advertencia a Corea del Norte e Irán tras sus numerosos ensayos con cohetes de corto y medio alcance.

El apoyo militar de Rusia al régimen sirio y las provocaciones de Putin contra miembros de la UE en Europa oriental exigían alguna respuesta. Pero la creciente cercanía de navíos y cazas rusos a los desplegados por EE UU y sus aliados en el Atlántico, Mediterráneo y Báltico puede provocar una confrontación. El 31 de marzo Trump ordenó que en tres meses se le presente un amplio informe sobre los países con mayores superávits comerciales con EE UU en 2016, las causas de dichos desequilibrios y un menú de posibles medidas. Todo parece indicar que el gobierno de EE UU no aplicará aranceles ni contingentes (ilegales y susceptibles a represalias duras) contra sectores económicos enteros, pero sí tasas compensatorias y antidumping. La sección 201 de la Ley Comercial de EE UU de 1974 permite imponer aranceles si las empresas demuestran a la respetada Comisión Internacional de Comercio de EEUU que el influjo de importaciones les perjudica. El Ministerio de Comercio, encabezado por el magnate Wilbur Ross, es más susceptible de ceder ante la presión de la Casa Blanca en materia de tasas antidumping, por ejemplo contra el acero de China. La sección 301 de la mencionada ley es más arbitraria y autoriza medidas contra prácticas comerciales injustas. Ross también exigirá la apertura de mercados –como el automovilístico de China – a exportaciones de EEUU y restricciones voluntarias de exportaciones a EE UU cómo la de los fabricantes japoneses de automóviles en 1981. Aunque dicho enfoque parece alejar el espectro de una renegociación completa de NAFTA, los países contra los cuales se aplicarán más tasas compensatorias (China, México, Vietnam, quizás Japón y Corea) previsiblemente tomarán alguna medida de represalia, lo cual puede desatar una espiral proteccionista. En verano, transcurridas las elecciones francesas, empezarán seriamente las negociaciones del brexit, que Theresa May aborda con expectativas nada realistas. No se producirá una negociación en paralelo de la factura para el Reino Unido del divorcio (hasta 60.000 millones de euros) y un acuerdo comercial con la UE. Los estados miembros aprovecharán la baza negociadora que les ofrece brexit para exigir compensaciones de Londres: Francia y España lo harán en materia de pesca y Francia abandonará el tratado de Le Touquet de cooperación en materia de inmigración.

La modernización del sistema informático británico de gestión aduanera de mercancías está retrasada, y el presidente del comité del Tesoro de la Cámara de los Comunes advierte que en marzo de 2019 no podrá procesar las 300 millones de declaraciones de aduanas anuales provocadas por un brexit duro con salida del mercado único (ahora gestiona 60 millones). La exuberancia bursátil se basa en la premisa de que Trump conseguirá una reforma del sistema fiscal (reduciendo el impuesto de sociedades y de renta), eliminando regulaciones y gastando un billón de dólares en renovación de infraestructuras. Pero la heterogeneidad ideológica de la mayoría republicana en el Congreso puede tumbar dichos planes y su presupuesto expansivo, cómo ya sucedió con el plan de cobertura médica de Trump. El ratio de las cotizaciones bursátiles respecto a beneficios en EE UU está a niveles comparables a los de finales de la década de los 20 y 90, inmediatamente anteriores a cracks bursátiles.

Los gestores de muchos fondos de inversión en todo el mundo se guían por el índice World MSCI, en el cual empresas de EE UU tienen un peso del 60%. El índice Dow Jones ha subido un 13% desde la elección de Trump, y superado el récord histórico de 21.000 puntos. Las tensiones geopolíticas, la negociación del brexit y la incertidumbre sobre el éxito del programa de Trump aconsejan prudencia.

Alexandre Muns es profesor de OBS Business School

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