Toshiba pone en duda su viabilidad tras perder 4.537 millones en nueve meses

Publica sus cuentas sin el aval del auditor, PwC, tras dos aplazamientos

La firma, lastrada por su negocio nuclear, podría ser excluida de Bolsa

Satoshi Tsunakawa, consejero delegado de Toshiba, durante la rueda de prensa de hoy en la sede de la compañía en Tokio.
Satoshi Tsunakawa, consejero delegado de Toshiba, durante la rueda de prensa de hoy en la sede de la compañía en Tokio.

Toshiba está en la cuerda floja. El gigante tecnológico japonés publicó ayer, con dos meses de retrasos, los resultados de los primeros nueve meses de su año fiscal, arrojando unas pérdidas de 532.500 millones de yenes (4.537 millones de euros), un saldo negativo mucho mayor que el previsto por la compañía y un 11% peor que el registrado en el mismo periodo del año anterior. En el mercado no se descarta que el agujero, provocado fundamentalmente por la quiebra de su negocio nuclear en EE UU, no sea aún mayor, después de que la compañía se viera obligada a presentar sus cuentas sin contar con el aval de su auditor, PricewaterhouseCoopers, que aseguró que no ha sido posible “juzgar si los estados financieros requieren de enmiendas o no”.
La empresa, que afronta un duro proceso de reestructuración y posibles sanciones del regulador nipón, alertó de que hay “circunstancias que elevan las dudas” acerca de su capacidad “para continuar operando”. En este sentido, el grupo japonés indicó que a 31 de diciembre arrojaba un patrimonio neto negativo de 1.922 millones de euros. Su endeudamiento a corto y largo plazo alcanzaba los 11.830 millones.
Las pérdidas operativas de Toshiba, con 142 años de historia, entre abril diciembre de 2016 ascendieron a 4.910 millones de euros, más del doble que en el mismo período del año anterior, como consecuencia de una amortización de activos de su negocio nuclear por importe de 6.104 millones. La facturación del grupo en los nueve primeros meses de su año fiscal fue de 32.808 millones, un 4% menos.
La empresa dijo que sus negocios “han registrado operaciones saludables”, salvo el nuclear. El grave endeudamiento de Westinghouse Electric, su filial de energía nuclear en EE UU, ha derivado en la declaración en quiebra de esta empresa, que Toshiba adquirió en 2006 a British Nuclear Fuels, una operación multimillonaria que resultó fallida, debido al incremento de los costes de la energía nuclear a raíz de las nuevas normativas de seguridad aprobadas en todo el mundo tras la crisis de Fukushima de 2011 y al abaratamiento del petróleo.
Las cuentas de la empresa estadounidense de construcción de reactores siguen sin estar claras. Según Toshiba, la cúpula de Westinghouse habría ejercido “presiones inapropiadas” sobre sus empleados para maquillar su contabilidad. El grupo nipón abrió una investigación para esclarecer los hechos, pero de momento “no hay pruebas” de tal manipulación, según añadió Toshiba, lo que la llevó a presentar sus resultados para evitar la suspensión de su cotización en la Bolsa de Tokio.
Para el año fiscal, que concluyó el pasado marzo, Toshiba prevé incurrir en unas pérdidas netas de 8.603 millones de euros, lo que supondría el mayor saldo negativo nunca registrado por una compañía nipona, según las estimaciones de la empresa.
Ante este complicado escenario, Toshiba está obligada a buscar liquidez, lo que le ha llevado a desprenderse de algunos negocios, como el de su división de equipos médicos (Toshiba Medical), que vendió a Canon por 6.000 millones de dólares, y a abandonar otros. La firma ha dejado de vender portátiles para el mercado de consumo en Europa, por ejemplo.
Su último carta es vender su negocio de chips de memoria flash, el más rentable de la compañía. Este lunes se conoció que la firma taiwanesa Foxconn está dispuesta a pagar 25.500 millones por esta importante unidad, pues Toshiba es el segundo mayor fabricante de este tipo de chips de memoria tras Samsung. Según la agencia japonesa Kyodo, Toshiba habría recibido unas diez ofertas, entre ellas las del fabricante de procesadores Broadcom y SK Hynix, pero el gobierno nipón estaría mediando para evitar que este lucrativo negocio caiga en manos de empresas extranjeras. Y es que la crisis que vive Toshiba es una muestra más de la pérdida de competitividad de las compañías tecnológicas japonesas frente a sus rivales chinos, surcoreanos y taiwaneses.

Dudas sobre la cotización

Desplome. El valor de Toshiba en la Bolsa de Tokio se ha desplomado un 50% desde mediados de diciembre hasta la jornada de ayer, en la que se apuntó una caída del 2,7%. Solo a finales de febrero del año pasado la acción llegó a estar a un nivel más bajo.
Fuera de Bolsa. La situación de la compañía y las dudas sobre las cuentas hicieron a los analistas plantear la necesidad de que la compañía deje de cotizar. El supervisor de la Bolsa estaría estudiando los pros y los contras de esta decisión, según señaló Reuters.
Argumentos. Sobre la mesa se contemplan dos alternativas: se opta por permitir que siga cotizando o se le saca de la Bolsa. En el primer caso, el supervisor vería su fiabilidad dañada de cara a los inversores y analistas, pero la segunda terminaría por hu

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