EE UU a las concesiones chinas: gracias por nada

Pekín ya estaba suavizando la regulación financiera antes de la reunión conTrump

La República Popular tiene sus propios titanes empresariales y no teme la competencia

Donald Trump y Xi Jingping se dan un apretón de manos en el resort Mar-a-Lago (Florida), propiedad del magnate, el viernes pasado.
Donald Trump y Xi Jingping se dan un apretón de manos en el resort Mar-a-Lago (Florida), propiedad del magnate, el viernes pasado.

Hasta ahora no he conseguido nada, absolutamente nada”, dijo el presidente de EE UU, Donald Trump, antes de sentarse a cenar con su homólogo chino Xi Jinping, el jueves pasado. Exageraba solo un poco. El equipo de Xi no apareció con las manos vacías, pero sus concesiones fueron re-regalos que le costaron poco.

Una de ellas, según el Financial Times, fue permitir el acceso al país de la carne de vacuno estadounidense: un ejemplo clásico de regalo guardado para las vacas flacas. En cuanto a la ampliación del acceso de las entidades financieras, ya estaba en marcha por razones que tienen poco que ver con la presión de Washington.

La República Popular ya no teme que los titanes financieros estadounidenses aplasten a sus empresas. Ha creado sus propios monstruos competitivos. CITIC, China International Capital y Guotai Junan Securities, por ejemplo, ocupan el segundo, tercer y cuarto puesto en el ránking de capital de Asia-Pacífico de Thomson Reuters; las entidades chinas también destacan en los bonos y en las fusiones.

Por eso, Pekín está aflojando paulatinamente las restricciones a las firmas extranjeras. Citigroup ganó una licencia de liquidación de bonos en febrero, y JP Morgan obtuvo una de suscripción de bonos casi al mismo tiempo. En diciembre, los reguladores dijeron que abrirían el mercado de calificaciones crediticias a los extranjeros; en enero, permitieron a los gestores de activos foráneos lanzar fondos de inversión privados. Otras reformas eliminaron la burocracia y facilitaron –sobre el papel– la repatriación de beneficios.

Las autoridades chinas quieren reducir el apalancamiento después de un exceso de préstamos en 2016. El aumento de la participación institucional de EE UU en las emisiones de bonos y OPV podría ayudar a garantizar que el riesgo se descuente en el precio de forma más efectiva. Aligerar la regulación es un precio barato, especialmente si a cambio el capital norteamericano se orienta hacia activos chinos.

Nada es más fácil para Pekín que dar a Trump titulares de “apertura de mercado”. Es una buena noticia para la industria financiera de EE UU, pero para China es aún mejor.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.

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