Unas cuentas públicas sin sorpresas ni sobresaltos

Son estos unos presupuestos que deberían poder ser fácilmente respaldados políticamente

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, tras entregar a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2017.
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, tras entregar a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2017.

El Gobierno presentó ayer en el Congreso sus primeros Presupuestos Generales del Estado en minoría parlamentaria, los menos traumáticos y más neutros de los últimos años. Negociados principalmente con Ciudadanos, las cuentas públicas de 2017 no incluyen ni grandes sorpresas ni grandes sobresaltos. No hay en ellos severos recortes de gasto, ni destacadas alzas o rebajas de impuestos, ni polémicas medidas de austeridad para los funcionarios ni duros recortes sociales. Respaldado por la confianza (que no plena seguridad) de contar con los 176 votos necesarios para aprobar el proyecto, Cristóbal Montoro desgranaba ayer con convicción unas cuentas públicas que resultan fácilmente ejecutables y que fían su cumplimiento a las buenas perspectivas de crecimiento de la economía, todavía mejores que las fijadas por el Gobierno en su cuadro macroeconómico.

Los presupuestos de 2017 constituyen un puente hacia un 2018 en el que España saldrá de la tutela europea en materia de déficit fiscal y abordará el espinoso asunto de articular un nuevo sistema de financiación autonómica. Con la particularidad de aprobarse casi en la mitad de su vigencia, las partidas de 2017 reflejan cierta cautela en el gasto, que baja un 2,1% respecto a las cuentas iniciales de 2016, aunque sube un 2,3% si se comparan con su ejecución. Pero se permite algunas alegrías, como el potente aumento de la oferta de empleo público –la mayor de la historia– la aprobación de un plan para transformar al 90% de los interinos en fijos y un notable incremento (si bien partiendo de mínimos históricos) de la inversión pública.

Las cuentas públicas de 2017 prevén los mayores ingresos fiscales de la historia, pero lo hacen con dos millones de empleos menos, una ecuación que casa difícilmente con el ideario de un Gobierno con vocación liberal y que hace pensar si no será el momento de apurar una nueva vuelta de tuerca a ciertas partidas de gasto público. En cualquier caso, son estos unos presupuestos sin graves escollos, que deberían poder ser respaldados por aquellas fuerzas políticas que sigan defendiendo (y practicando) que el bien común está por delante de los intereses de partido.

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