Editorial

La limpieza total de los bancos

Nadie dijo que fuera fácil ni rápido resolver la crisis financiera. La presidenta del consejo de supervisión del BCE, Danièle Nouy, ha reiterado esta semana algo que ya comentó la pasada: la banca tiene que encontrar fórmulas para deshacerse más rápido de sus créditos dudosos y mejorar su rentabilidad. Decirlo es mucho más sencillo que hacerlo, como demuestra el hecho de que nueve años después del estallido de la crisis bancaria, las entidades de la zona euro siguen alojando en sus balances crédito dudosos por casi un billón de euros, nada menos que un 10% del PIB de la zona o el 7% de la cartera de crédito. Europa ha rechazado desde el principio de la crisis la creación de un banco malo común que absorbiese los créditos averiados, y ha dejado en manos de cada país la solución a sus crisis particulares, aunque haya inyectado fondos de rescate en varios países; ello supone que ha renunciado a una solución rápida como la estadounidense que fue más allá de exigir ingentes cantidades de capitalización de las entidades. Capitalizar es siempre la mejor garantía, pero no será suficiente si no hay pasos adicionales, como fusiones transfronterizas que refuercen la posición de las firmas y les devuelvan solvencia y rentabilidad suficientes como para cumplir con el papel que tienen en la economía: dar crédito y facilitar el crecimiento.

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