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Dos culturas enfrentadas en Unilever

El rechazo de la oferta de Kraft reaviva la batalla entre el enfoque a largo plazo y el del valor para el accionista

Ruleta de marcas de Unilever en una feria de empleo en Austin (Texas, EE UU).
Ruleta de marcas de Unilever en una feria de empleo en Austin (Texas, EE UU).

El rechazo de Unilever a la oferta de compra de Kraft Heinz el mes pasado fue un gran momento para los fanáticos del capitalismo de las partes interesadas (stakeholders: los trabajadores y otros aportadores de valor) explícitamente ético. Por un lado, una empresa que ha primado el largo plazo y crear buenos productos, así como beneficios para los accionistas. Por otro, un negocio dirigido por algunos de los más severos recortadores de costes corporativos. Con poco más que unas llamadas telefónicas, el gigante angloholandés de productos de consumo se deshizo de su competidor, mucho más pequeño. La virtud triunfa sobre el vicio.

Claro está, dividir las empresas en buenas y malas es demasiado simple. Unilever es demasiado grande, exitosa y tradicional para ser del todo un ejemplo. Los dueños de Kraft tienen fama de recortar costes, pero eliminar líneas de negocio crónicamente fallidas puede liberar recursos para usos mejores.

En la práctica, las empresas están en medio; los accionistas son en última instancia los que pueden echar al CEO 

En todo caso, Paul Polman, CEO de Unilever, ha reavivado una batalla entre dos filosofías de la propiedad corporativa. El enfoque de las partes interesadas dice que una compañía no es realmente propiedad de los accionistas, o al menos no de la misma manera que un apartamento es propiedad de su dueño. Los proveedores del capital financiero pueden reclamar parte de las ganancias, pero también los de la mano de obra, las tierras, la protección legal y la tecnología. Todas las partes merecen un retorno justo –no menos, pero tampoco más. El otro enfoque es crudo pero simple: si las compañías cuidan de los accionistas, todo lo demás se colocará solo.

Los defensores de la visión de las partes interesadas dicen que debería de beneficiar a los accionistas a largo plazo. Si hay una crisis, los accionistas estarán protegidos por la buena disposición generada por la voluntad anterior de la compañía. Pero no siempre hay crisis. Y la recompensa podría tardar años, o décadas –demasiado para los inversores institucionales actuales, a los que a menudo les cuesta mirar más allá del próximo trimestre.

Mientras, Jorge Paulo Lemann defiende la filosofía de valor para el accionista. Es el inversor multimillonario brasileño que está detrás de Kraft Heinz, así como de la cervecera AB InBev. Lemann ciertamente ha hecho bien a los accionistas, empezando por él mismo. Ha explotado el hecho de que hablar de largo plazo y de servir a las partes interesadas puede enmascarar egoísmo. Su modelo ha sido comprar negocios, prometer grandes ahorros de costes, y conseguirlos aún mayores.

En la práctica, las empresas están en medio. Unilever apoya al lobby FCLT, dedicado a fomentar la visión empresarial a largo plazo. Pero Polman no ha respaldado la versión completa del capitalismo de las partes interesadas. No podría permitírselo, porque los accionistas son en última instancia los que pueden echarle. Un verdadero enfoque pro partes interesadas no sería en realidad favorable para los accionistas.

Donald Trump ignoró como empresario a todas las partes salvo a sí mismo, mientras que Theresa May es partidaria de tener en cuenta a los trabajadores

Así que la victoria de Unilever no es necesariamente buena para ellos, ni siquiera a largo plazo, y el enfoque de Kraft Heinz no es necesariamente malo para la sociedad, ni siquiera a corto. Eso crea un conflicto. Un estudio de McKinsey señala que la mayoría de los gestores de compañías del S&P 500 sienten que la presión para obtener resultados rápidos está en aumento, y que aquellos que la ignoran dan más valor a los accionistas.

El rechazo sufrido por Kraft sugiere que la orientación corporativa a largo plazo está ganando terreno. El fabricante de pintura holandés Akzo Nobel citó los intereses de las “partes interesadas” como una de las razones para rechazar dos ofertas de la rival estadounidense PPG Industries, la última de las cuales era muy generosa para los accionistas.

Mientras, Lemann coinvierte con Warren Buffett y BlackRock,con visión a largo plazo, pero también con una mayoría de inversores institucionales que miran más a lo inmediato.

¿Quién ganará? La presidencia de Donald Trump, un empresario que por lo general ignoró a todas las partes interesadas excepto a sí mismo, podría ser un mal presagio para la causa del largo plazo. Pero Theresa May, primera ministra británica, es partidaria de tratar a los trabajadores mucho más que como un coste de hacer negocios.

Ambos bandos podrían, haciendo concesiones, llegar a un acuerdo. El consenso podría ser vital. Si los inversores y los gestores no encuentran una manera aceptable de avanzar, los votantes podrían imponer una solución inaceptable.

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