Editorial

Inflación, tipos y factura de la deuda

El índice de precios de consumo se ha anclado en el 3% tras las subidas de la energía de los últimos meses, y bien podría estar por encima del 2% marcado como objetivo máximo por el BCE casi todo el ejercicio. Y la economía alemana, con menos dependencia energética del exterior, y una aversión cerval a las subidas de los precios, ha registrado también en febrero tasas interanuales de inflación del 2%, justo en ese umbral a partir del cual el BCE echa mano de sus herramientas antiinflacionistas. Pese a que las señales de avance de los precios se generalicen, la tasa subyacente está en el 1%, y no parece que el BCE vaya a ponerse muy nervioso como para cambiar de rumbio su política monetaria expansiva de un día para otro. De hecho, los analistas que escrutan cada palabra de Mario Draghi, coincidieron la semana pasada que no habrá subida de tipos hasta finales de 2018 o principios de 2019.

Relax hasta entonces. Pero la deuda pública ya ha comenzado a anticiparlo, estimulada también por las alzas del precio del dinero en EE UU, y la deuda española a diez años se acerca peligrosamente al 2% en el mercado secundario, lo que supone un coste que duplica en de hace seis meses. De mantenerse la progresión, el beneficio adicional de la reducción del coste financiero podría tocar a su fin para Estado, empresas y hogares.

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