Tribuna

Hablando de educación financiera... Mifid II

Las diversas asociaciones del sector financiero deberían favorecer el conocimiento público de este nuevo entorno

De un tiempo a esta parte, en ocasiones a raíz de las consecuencias derivadas de determinadas prácticas no deseadas, se ha generado un cierto nivel de consenso sobre la conveniencia de fomentar la formación sobre temas financieros en la sociedad. Sin embargo, este contexto contrasta con la escasa repercusión que está teniendo lo que, al menos entre los profesionales del sector financiero, se considera un auténtico tsunami: la próxima entrada en vigor de un nuevo marco normativo aplicable a los activos financieros, consecuencia de las normas europeas conocidas como Mifid II.

Las escasas noticias publicadas sobre el tema, en muchos casos dirigidas a los profesionales del sector más que al público en general, contrastan con la actividad febril que está teniendo lugar en el interior de las compañías del sector (bancos, sociedades y agencias de valores, empresas de asesoramiento financiero independiente, etc.).

Los nuevos criterios y requerimientos normativos, que entran en vigor el 1 de enero de 2018, traerán consigo cambios sustanciales en el modo de relación entre clientes y sus entidades financieras, en los servicios que estas les prestan para atender sus necesidades de inversión de sus ahorros. Unos impactos que, teniendo en cuenta la tradición bancaria existente en nuestro país y las prácticas basadas en los modelos de proximidad (en definitiva, en la relación de confianza entre clientes y empleados de las entidades financieras), cambiarán las formas tradicionales de interacción entre clientes y entidades.

Imaginemos, a partir de 2018, una situación habitual en el día a día. Un cliente medio habitual de una sucursal bancaria entra para hacer unas gestiones. Aprovechando, pregunta a Pepe, ese empleado que le conoce y que le lleva atendiendo media vida, dónde invertir unos pequeños ahorros que tiene en la cuenta. Acto seguido, en lugar de dar información alguna a su cliente, Pepe saca una cinta adhesiva con la que sella sus labios y pone encima de su mesa dos carteles: en uno el cliente lee: “Firma el contrato de asesoramiento”, señalando con una flecha a una pila de papeles. En el otro cartel, el cliente lee: “Visite nuestra web” (a semejanza de aquella famosa cartela de “visite nuestro bar” que utilizaban en las salas de cine entre el NO-DO y el inicio de la película que hemos conocido algunos).

"En Reino Unido, las entidades han optado por no prestar recomendación o consejo a sus clientes"

Esta escena caricaturizada sirve para ilustrar situaciones potencialmente reales. Este tipo de situaciones, en el caso del mercado financiero de Reino Unido, han dado lugar al término advice gap. Como consecuencia del riesgo de reclamaciones de los clientes o de los riesgos regulatorios por las potenciales sanciones de los organismos supervisores, las entidades de dicho país han optado por no prestar recomendación o consejo a sus clientes. Pongamos esta situación en un contexto como el de nuestro mercado, caracterizado como decíamos antes, por la relación de confianza tradicional entre cliente y entidad.

Pero, más allá de los nuevos criterios que han de dirigir la relación cliente-entidad, la nueva regulación trae múltiples cambios. Por ejemplo, en términos de la oferta de productos que las entidades pondrán a disposición de sus clientes. Con arreglo a los futuros requerimientos normativos en términos de definir mercados objetivo para acceder a los productos, ¿cómo reaccionará un cliente si su entidad financiera no le permite contratar un producto determinado?

Y todos estos cambios por venir llegan en una coyuntura todavía cercana en el tiempo a los diversos escándalos en torno al sector financiero que han abierto una nueva línea de negocio para ciertos despachos de abogados que están alimentando las reclamaciones contra entidades financieras.

Considerando la profundidad y dimensión de esta nueva regulación, quizás los poderes públicos, con el apoyo de las diversas asociaciones del sector financiero, deberían de favorecer, antes de su entrada en vigor, el conocimiento público de este nuevo entorno normativo que regirá las relaciones entre clientes y entidades financieras.

Porque, como suele decirse, la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento… a ambas partes de esta relación.

Salvador Martín es director general de Negocio Institucional y de Relaciones Institucionales de Banco Inversis.

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