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El referéndum de Le Pen es mucho pedir

Para llevar a cabo su promesa electoral, la política francesa tendrá que encontrar lagunas en la Constitución

Figuras de Marine Le Pen, François Fillon (izquierda) y otros candidatos a la presidencia de Francia, en el carnaval de Niza, el domingo.
Figuras de Marine Le Pen, François Fillon (izquierda) y otros candidatos a la presidencia de Francia, en el carnaval de Niza, el domingo.

Ideas políticas otrora extravagantes están atenazando los mercados financieros. Por ejemplo, la promesa de la líder de la extrema derecha francesa Marine Le Pen de celebrar un referéndum sobre la pertenencia a la UE y dejar el euro si gana la presidencia. El recuerdo del brexit está suficientemente fresco como para que los asustados inversores eleven los rendimientos de los bonos del país. Pero Le Pen tendría que encontrar lagunas constitucionales para celebrar tal plebiscito, y puede resultarle aún más difícil que ganar las elecciones. La adhesión a la UE está consagrada en la Constitución. Para revisarla en un referéndum un primer ministro en ejercicio tendría que presentar una propuesta, y las dos Cámaras del Parlamento tendrían que aprobar versiones idénticas del texto.

Aunque Le Pen gane en mayo, su partido, el Frente Nacional (FN), tiene pocas posibilidades de ganar en las legislativas de junio. Podría, sin embargo, nombrar un primer ministro del FN antes de esas elecciones y tratar de forzar una legislación para realizar el referéndum argumentando que sus opositores están desafiando la voluntad del pueblo. Incluso en ese caso, el Senado sería una enorme barrera. El FN no tiene ninguna esperanza de dominarlo, pues sus miembros tienen un mandato de seis años, y solo se renueva la mitad en cada elección.

El Senado sería una enorme barrera, y el Frente Nacional no tiene posibilidades de sacar mayoría en las legislativas de junio

Abandonar el euro podría ser algo más fácil ya que la moneda única no está consagrada en la Constitución. Incluso, Le Pen podría celebrar un referéndum con el apoyo de un quinto de los parlamentarios y de un décimo de los votantes. Reunir tantas firmas es difícil, pero no insuperable.

Le Pen no se habría presentado a la presidencia si no le gustara desafiar las probabilidades. No es su estilo detenerse ante las complejidades constitucionales que afectan al cumplimiento de sus promesas. Además, los inversores podrían facilitar su tarea. Si también optan por ignorar los obstáculos a los que se enfrentaría Le Pen, el alboroto resultante en el mercado jugará a su favor.

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