Editorial

Las divisas, el enemigo invisible de la inversión

En los movimientos exagerados de los tipos de cambio hay también muy jugosas oportunidades para ganar dinero

Las divisas, el enemigo invisible de la inversión

El tipo de cambio es, al menos en teoría, donde se sintetizan los fundamentales y las expectativas de la economía por la que circula cada divisa, desde su crecimiento a su seguridad jurídica, desde la flexibilidad de sus normas para hacer negocios a los tipos de interés que los financian, desde la formación de sus efectivos humanos a la capacidad de iniciativa de sus empresarios, desde su capacidad exportadora y competitiva a sus necesidades de financiación y el equilibrio de sus relaciones con el entorno. Sus movimientos son muy impredecibles, puesto que mientras que unas variables la fortalecen, otras la debilitan, y tanto los inversores corporativos y productivos como los especulativos deben vigilar mucho cada movimiento, puesto que en la misma proporción que el tipo de cambio puede ser el mejor aliado, puede tornarse en el más perverso e invisible de los enemigos. Además, si el riesgo del tipo de cambio debe ser tenido en cuenta siempre en las economía maduras, la vigilancia debe ser doblada cuando la apuesta se hace en economías emergentes, en las que el crecimiento desaforado genera inflación y el deterioro que conlleva en los niveles de competitividad se suele corregir con devaluaciones competitivas.

Los riesgos y ventajas de los movimientos de las divisas han estado siempre en el mercado, pero ahora están especialmente agitados por los temores a la política económica de Donald Trump, especialmente sus decisiones tendentes a proteger el mercado norteamericano de la entrada masiva de productos y servicios de otras economías como la china, las europeas o la mexicana, que podrían generar bruscos movimientos en el precio del dólar frente al resto de las divisas del mundo, tanto las fuertes (yen, libra, yuan chino o euro) como las más débiles.

Los vaivenes que se produzcan tendrán efecto sobre la economía española en términos macroeconómicos, aunque serán limitados a los posibles cambios en los volúmenes de intercambio comercial de España con EE UU, y quizás a los flujos cruzados de inversiones; pero serán más intensos en términos microeconómicos. La globalización de las empresas españolas, presentes en todo el mundo, pero especialmente en Norteamérica, Latinoamérica y Reino Unido, eleva el grado de sensibilidad a los cambios de signo de las divisas, y estos tienen reflejo directo, para bien y para mal, en los ingresos, las cuentas de resultados y, por supuesto, en las valoraciones de las empresas. Todos los mensajes que ha enviado el nuevo inquilino de la Casa Blanca, todos ellos provisionales y no necesariamente fieles a su verdadera intención práctica, apuntan a una apreciación importante del dólar, que seguramente se verá potenciada por el abandono ya iniciado por la Reserva Federal de la política monetaria expansiva. En el caso de Europa únicamente la réplica de esta política de retirada de estímulos por parte del Banco Central Europeo puede neutralizar en parte la apreciación del billete verde. Pero en todo caso, todo apunta en favor de los negocios y las inversiones de las empresas que trabajan en el entorno de la zona de influencia del dólar, y más cuanto más negocio tengan en EE UU por la doble vía de agitación de la actividad y de la revalorización de unas cuentas de resultados expresadas en dólares.

Otra cuestión son las empresas que trabajen en las áreas económicas más debilitadas por las decisiones egocentristas y proteccionistas de Trump; las alojadas en México serán especialmente sensibles por la depreciación del peso, así como las que trabajan en el resto del continente americano, donde España tiene intereses tanto en banca como en energía, moda o concesiones. Las empresas tienen mecanismos de defensa tanto para sus inversiones como para la deuda, con seguros sobre los tipos de cambio; pero los particulares tendrán que encajar directamente en las cotizaciones de las compañías los movimientos que experimenten las divisas. En el caso de España puede asegurarse que casi la totalidad de las empresas del Ibex tienen riesgo en divisas, puesto que más de la mitad de sus ventas se generan fuera de España. No obstante, como bien recuerdan los expertos, en los movimientos exagerados de los tipos de cambio hay también muy jugosas oportunidades para ganar dinero con la inversión tanto en divisas como en compañías con exposición a ellas.

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