Incertidumbre política

Bruselas confía en que las urnas frenen la deriva proteccionista

Bruselas cree que Francia y Alemana romperán la tendencia electoral de Trump y el 'brexit'

Los organismos europeos temen más a la crisis financiera en Italia o Grecia que a Le Pen

Angela Merkel
La canciller de Cherman Angela Merkel habla en una conferencia regional del partido del CDU. EFE/CARSTEN KOALL

Nadie lo diría a primera vista, pero Bruselas encara con cierto optimismo el maratón electoral a punto de arrancar en el Viejo Continente, con Holanda como primera cita (15 de marzo), Francia poco después (abril-junio) y Alemania como gran colofón (24 de septiembre).

Los augurios más siniestros se ciernen sobre esas citas electorales, dominadas por el ascenso de las fuerzas ultranacionalistas partidarias de desmantelar la Unión Europea y abandonar la zona euro. Pero, de momento, los organismos comunitarios consideran más plausible que el año de la gran incertidumbre política termine cuajando en forma de impulso para el proyecto de integración europea.

El optimismo de Bruselas se basa en la aparente superioridad el voto proeuropeo tanto en Francia como en Alemania, a pesar de la creciente fuerza del Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen y la Alternativa para Alemania (AfD) de Frauka Petry.

Las arengas antieuropeas de Marine Le Pen durante el pasado fin de semana ya han disparado las alertas en los mercados y la prima de riesgo de la deuda francesa ha batido récord de cinco años.

La UE se muestra más preocupada por el riesgo económico de Italia y Grecia que por una hipotética victoria de Le Pen en Francia

Las agencias de calificación también se han apresurado a advertir que declararían default si se consumase la salida del euro que preconiza Marine Le Pen y la redenominación en francos franceses de la billonaria deuda pública francesa._Sería la primera suspensión de pagos de Francia desde 1812, en los estertores de la era napoleónica, y la novena en toda su historia. Francia pasaría a ser el segundo país europeo con más defaults, por detrás de España (13) y por delante de Alemania (ocho), según el cómputo realizado por los profesores Kenneth Rogoff y Carmen Reinhardt.

Pero el propio carácter apocalíptico de ese escenario parece, según fuentes europeas, la mejor vacuna contra Le Pen. Y los sondeos apuntan de manera persistente a que en la segunda vuelta de las presidenciales se impondría un candidato de la derecha tradicional gaullista (europeísta aunque no federalista) o de la izquierda más euroentusiasta representada, con toda probabilidad, por Emmanuel Macron.

Bruselas vislumbra las mismas perspectivas halagüeñas en Alemania, donde la candidata de la derecha, Angela Merkel, se perfila como clara vencedora en los comicios de otoño, lo que revalidaría, como mínimo, el europragmatismo sin duende de la canciller alemana.

Pero algunas fuentes incluso especulan con la posibilidad de que el próximo Gobierno alemán sea el más europeísta de los últimos lustros si los socialistas de Martin Schulz obtienen un buen resultado. La presencia del ex presidente del Parlamento Europeo en una gran coalición junto a los conservadores o, incluso, como líder de una alianza con los Verdes, podría dar a Berlín un giro europeísta y neutralizar la desconfianza de Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, hacia la mayoría de los socios de la zona euro.

En cualquier caso, Bruselas parece convencida de que 2017 terminará con un eje franco-alemán mucho más engrasado que el desvencijado de los últimos cinco años. Merkel y el presidente saliente francés, François Hollande, solo han logrado mantener las formas de la convivencia, pero sin química política suficiente para liderar el desorientado club europeo.

“El eje no puede funcionar bien cuando uno de los dos países marcha bien económicamente y el otro, no”, apunta un veterano diplomático europeo en referencia a la bonanza disfrutada por Alemania durante la crisis de la zona euro y los tropiezos presupuestarios y de crecimiento de Francia.

Schulz, precisamente, intentó tender puentes entre Berlín y París durante su etapa al frente del Parlamento Europeo (2012-2017), ejerciendo de anfitrión de dos cenas privadas de Merkel y Hollande. Pero la chispa política no saltó y el club europeo ha vivido durante los últimos cinco años en una zozobra constante, rematada por la salida del Reino Unido de la UE y la expulsión de Grecia de la zona euro frenada in extremis por París.

“Las elecciones en las dos orillas del Rin pueden deparar un cambio saludable y colocar en París y Berlín dos Gobiernos dispuestos a trabajar por la UE”, apuesta una fuente comunitaria.

El cálculo de los optimistas es que el nuevo liderazgo germano-francés aglutinará a los países dispuestos a resistir el vendaval proteccionista que sopla desde EE UU y a la corriente eurofóbica que gana adeptos tanto entre socios veteranos de la UE como entre los más recientes. Junto a Alemania y Francia, países como España, Bélgica o Portugal militarían en ese dispuesto a resistir las acometidas de Donald Trump desde la Casa Blanca o las grietas del brexit.

Pero ninguna fuente niega los riesgos de que ese panorama idílico de una Europa unida salte en pedazos si las urnas deparan alguna sorpresa en 2017 o si la crisis del euro da otro coletazo.

Un buen resultado de Le Pen en Francia, de Geert Wilders en Holanda o de Beppe Grillo en Italia (si se convocan elecciones) supondría un tremendo golpe para la viabilidad de la UE incluso si ninguno de esos partidos eurófobos se hace con el poder._Su mera fortaleza como oposición bastaría para que los respectivos Gobiernos se viesen obligados a moderar sus iniciativas europeas y a frenar o recortar las competencias de Bruselas.

La amenaza económica tampoco es menor. Y, de hecho, en los organismos europeos se percibe mucha más inquietud ante el creciente riesgo de un desastre financiero en Italia o Grecia que ante una hipotética llegada de Le Pen al Elíseo.

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