Exposición

El arte que promocionó la CIA llega a España

El Museo Guggenheim exhibe 130 obras del expresionismo abstracto

Una persona observa algunas de las obras de Mark Rothko, incluidas en la exposición "Expresionismo Abstracto", que ha sido presentada hoy en el Museo Guggenheim de Bilbao y cuenta con 130 pinturas, dibujos, esculturas y fotografías de autores como Willem de Kooning, Robert Motherwell, Pollock o el mismo Rothko.
Una persona observa algunas de las obras de Mark Rothko, incluidas en la exposición "Expresionismo Abstracto", que ha sido presentada hoy en el Museo Guggenheim de Bilbao y cuenta con 130 pinturas, dibujos, esculturas y fotografías de autores como Willem de Kooning, Robert Motherwell, Pollock o el mismo Rothko. EFE

Desde finales de los años cincuenta no ha habido en España una exposición dedicada al expresionismo abstracto. Se trata de un movimiento que protagonizaron, sin ellos saberlo, un grupo de artistas que dieron un giro radical y un nuevo esplendor a la pintura del Nueva York de los años cuarenta. Es lo que tienen en común artistas como Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, David Smith, Robert Motherwell o Clyfford Still. Amigos, compañeros, algunos habían coincidido pintando murales para el Federal Art Project dentro del programa New Deal, a cambio de un salario. Pero más allá de estas coincidencias cada uno marcó su propio estilo, sin competencia alguna entre ellos. Porque a diferencia del cubismo o el surrealismo, sus predecesores, el expresionismo abstracto escapa de la fórmula establecida y ensalza la diversidad y la libertad individual a la hora de crear de cada artista.

Todo ello queda reflejado en cada una de las 130 obras, entre pinturas, dibujos, esculturas y fotografías, procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo, que conforman la exposición Expresionismo Abstracto, que desde hoy y hasta el 4 de junio ocupan la segunda planta del Museo Guggenheim de Bilbao.

La muestra, que cuenta con el patrocinio de la Fundación BBVA, comenzó a fraguarse entre la pinacoteca vasca y la Royal Academy of Arts de Londres, donde estuvo expuesta previamente, hace tres años. No ha sido fácil reunir las piezas. “Nos llevó mucho tiempo que las instituciones americanas nos dejaran las obras, ya que les pedíamos las joyas de su corona”, recordó durante la presentación de las muestra una de las comisarias, la británica Edith Devaney. Por ejemplo, nueve de las 11 obras que se exhiben de Clyfford Still tuvieron que recibir la autorización del ayuntamiento de la ciudad de Denver, propietaria del legado del artista, que deseaba que la mayor parte de su obra se mantuviera unida.

Obras de Willem de Kooning en la exposición Expresionismo Abstracto del Museo Guggenheim de Bilbao.
Obras de Willem de Kooning en la exposición Expresionismo Abstracto del Museo Guggenheim de Bilbao. REUTERS

La mayoría de los lienzos tienen una escala colosal, y son obras, en ocasiones, intensas, espontáneas y expresivas. En otros momentos tienen un rasgo más contemplativo, gracias a sus grandes campos de color. Se trata de un juego, según explicó la comisaria del Museo Guggenheim, Lucía Agirre, en el que el artista busca la complicidad del observador.

La exposición se reparte en una decena de salas, magníficas capillas, según esta experta, dedicadas a mostrar todo el esplendor de los artistas de este movimiento. A esto también contribuyó la agencia de inteligencia de EE UU, la CIA, que con la complicidad del MoMA, presidido entonces por Nelson Rockefeller, subvencionó y promocionó fuera de su país el arte abstracto, para contrarrestar otra corriente, el realismo socialista, procedente de la Unión Soviética.

La visita arranca con los primeros pasos, marcados por las dos guerras mundiales y la gran depresión americana, de lo que más tarde se convirtió en un lenguaje universal. En este espacio conviven piezas de Pollock (Paneles sin título, Masculino y femenino), de Willem de Kooning, o de Philip Guston (El Porche). Otro área está reservado a uno de los precursores de esta corriente, Arshile Gorky, que transmitió todo su conocimiento a su protegido de Kooning, y que destacó por su capacidad para fusionar tendencias como el cubismo y el realismo.

Una de las salas más impactantes es la dedicada a Rothko, que llamaba a sus pinturas “fachadas”, y que remite tanto a la frontalidad de sus obras como a su enigmático hipnotismo. En el espacio dedicado a Pollock se encuentra una de sus piezas más emblemáticas, Mural, de más de seis metros, en la que se refleja una estampida de bisontes en una llanura, y que fue pintada por encargo de su mecenas, Peggy Guggenheim, para su apartamento neoyorquino.

Normas