Editorial

Una UE con una sola voz frente a Trump

El proyecto comunitario nació para evitar que las guerras volviesen a asolar Europa. Ahora debe consolidarse para asegurar la prosperidad

Donald Trump.
Donald Trump.

Pese a los esfuerzos políticos por aparentar que las turbulencias en aguas trasatlánticas no quitan el sueño a Europa, la cumbre de los 27 que comienza el viernes en Malta tiene todos los visos de convertirse en la Cumbre Trump. La relación entre Washington y Europa, que se tensa y complica por momentos, centrará inevitablemente una reunión cuyo orden del día incluía el brexit y el futuro de la UE, entre otras cuestiones, pero que no puede ni debe ignorar la tormenta política entre ambos lados del Atlántico. El primer reto de la cita será lograr articular una posición común –y a ser posible serena– que permita a los 27 responder al nuevo rumbo político adoptado por EEUU, y hacerlo sin alimentar la cacofonía con la que se está respondiendo al vendaval de la Casa Blanca.

Un ruido que no ahoga, sino más bien evidencia, que la UE tampoco tiene en esta materia una posición política común, más allá de reconocer la necesidad de proteger la relación trasatlántica y de evitar que esta escalada de tensión dinamite las relaciones con la nación más poderosa del mundo. El coro disonante europeo incluye, a priori, posturas de todo tipo. Desde la dureza del discurso de Francia, tradicionalmente menos proclive al amigo americano e inmersa, además, en un año de campaña electoral, hasta la apuesta por la acción-reacción de Alemania, partidaria no de actuar, sino de responder a los movimientos que vayan llegando de Washington. A ambas hay que sumar la posición española, que apuesta por contemporizar y fijar la estrategia mirando no tanto a los tuits de Trump como a más largo plazo. Y también la incierta postura británica, cuya salida de la UE eliminará su histórico papel de puente entre Europa y EE UU, pero que todavía no ha definido con claridad cómo serán sus relaciones con la Casa Blanca.

La primera tarea de los 27 en Malta es poner una dosis de cordura y serenidad en un contexto de tensión política y diplomática inaudita entre Europa y EE UU. Precisamente por ello, el objetivo de la cumbre tiene que ser doble: por un lado, defender con una sola voz la solidez y futuro del proyecto europeo y hacerlo con claridad, firmeza y convicción; por otro, preservar la salud de un eje trasatlántico cuya existencia resulta fundamental no solo en términos económicos, sino también políticos y defensivos.

Para que esa respuesta resulte creíble, Europa debe hacer algo más que hablar. Ha de comenzar a construir en unos casos y a reparar en otros unos endebles cimientos. Ello exige acometer proyectos pendientes, como la unión bancaria y fiscal o el reforzamiento de la libre circulación de trabajadores y capitales, pero también afrontar nuevos retos, como la apuesta por una política común de seguridad y defensa. El proyecto comunitario nació para evitar que las guerras volviesen a asolar Europa. Ahora debe consolidarse para asegurar no solo la paz, sino también la prosperidad.

 

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