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Trump pide más fábricas de coches a cambio de menos trabas legales

El presidente ofrece a cambio la eliminación de trabas legales

Entre otras cosas plantea reducir la presión del marco regulatorio medioambiental.

El presidente estadounidense, Donald Trump (2i), saluda al director ejecutivo de Ford Motor Company, Michael Fieldsse (c), antes de una reunión con directores del sector automovilístico en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca.
El presidente estadounidense, Donald Trump (2i), saluda al director ejecutivo de Ford Motor Company, Michael Fieldsse (c), antes de una reunión con directores del sector automovilístico en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca. EFE

La política intervencionista de Donald Trump en el mercado automovilístico en EE UU vivió ayer un nuevo capiítulo. El presidente reunió a los máximos directivos de los tres principales fabricantes de coches estadounidenses. Así, Marry Brava, consejero delegado de General Motors, Mark Fields, su homólogo en Ford y el primer ejecutivo de Fiat Chrysler, Sergio Marchionne, acudieron a la Casa Blanca para perfilar el nuevo marco del sector en EE UU.

El presidente defendió su postura de los últimos meses para obligar a las empresas automovilísticas a reforzar la producción en territorio estadounidense, amenazando con aranceles a los vehículos producidos fuera de EE UU. Así, Trump pidió a los fabricantes que construyan nuevas fábricas en EE UU.

Pero para que las empresas automovilísticas cumplan con estas nuevas exigencias por parte del recién estrenado Gobierno estadounidense, Trump ofrece inicentivos para que estas empresas aumenten su producción en EE UU. La primera de estas pasa por incorporar una serie de incentivos fiscales que hagan más atractiva la construcción de nuevos centros productivos.

A ello se suma un nuevo marco regulatorio que ayudaría a eliminar trabas legales para iniciar estos proyectos de construcción. En este apartado, la nueva Administración abre la puerta a hacer una regulación medioambiental más laxa que la actual, reduciendo así la presión que han vivido en los últimos tiempos algunas automovilísticas como Volkswagen, con su conocido escándalo por el trucaje de las emisiones de sus motores diésel.

En esta línea fueron algunas de las reclamaciones por parte de los tres fabricantes, que urgieron al nuevo Ejecutivo estadounidenses a relajar las obligaciones impuestas por Barack Obama en el campo de la eficiencia de combustibles. Precisamente la última reunión que se produjo entre los representantes de las conocidas como Big 3 en la Casa Blanca se produjo hace ya seis años, cuando el anterior presidente impuso un plan de mejora de la eficiencia de los motores de cara a 2025.

Con esta negociación, Trump busca que las automovilísticas apuesten de nuevo por la construcción de fábricas en EE UU en detrimento de otros mercados. Hace ya más de 13 años que tanto Ford como General Motors construyeron sus últimos centros productivos en territorio estadounidense. Menos tiempo hace de la última fábrica de Fiat, que en 2014 construyó una nueva planta en Indiana.

Trabajo conjunto

Fields, de Ford, aseguró tras la reunión que los fabricantes de automóviles quieren trabajar con la nueva Administración para “el renacer de la fabricación americana” y defendió que los movimientos, como la salida del tratado de libre comercio en el Pacífico (TPP), van en esta línea. Por su lado, Marchionne, de Fiat Chrysler aseguró que en la hora que duró la reunión todavía no se avanzaron los datalles de las trabas regulatorias que se verán recortadas. Por último Barra, de General Motors, defendió tras el encuentro que se trata de una “gran oportunidad” de trabajar de manera conjunta con el Gobierno para “mejorar el entorno, la seguridad y la creación de puestos de trabajo”.

La reunión es una nueva marca, la última, del intervencionismo, muy poco común para un presidente de los EEUU, de Trump en las actividades corporativas de las empresas. El presidente ha repetido además en muchas ocasiones a las automovilísticas y otros fabricantes “que compren americano y contraten americanos”.

Las automovilísticas, tanto estadounidenses como extranjeras, han anunciado planes que incrementan los empleos e inversiones en EEUU, a la vista de los duros comentarios de Trump. Ford anunció que cancelaba una inversión en México de 1.600 millones para una nueva planta y anunció 700 millones extra para sus instalaciones de Michigan. Seguirá trasladando la producción del Focus a la planta mexicana pero consolidará toda la fabricación en las instalaciones existentes. El presidente de Ford, Mark Fields, que estuvo entre los convocados al desayuno en la Casa Blanca, afirmó que hubieran tomado las mismas decisiones de inversión incluso si Trump no hubiera sido elegido.

Por su parte, General Motors confirmó que invertirá 1.000 millones de dólares adicionales en sus fábricas de EEUU y creará 1.500 puestos de trabajo. Moverá su producción de componentes de México a EEUU, que estaba subcontratada a un proveedor. Esta inversión se suma a los 2.900 millones de dólares ya comunicados por la compañía.

Además, Fiat Chrysler anunció otra inversión de 1.000 millones de dólares en dos plantas en EEUU, con la creación de 2.000 empleos. Valora trasladar la producción de uno de sus camiones de Michigan a México. Los ejecutivos plantearán, además de sus preocupaciones sobre el impacto de unas posibles tasas aduaneras altas, las limitaciones en las emisiones de gases contaminantes de sus combustibles. FCA se enfrenta a una investigación de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) y el Departamento de Justicia de EEUU después de ser acusado este mes de introducir un software ilegal para manipular el exceso de emisiones de sus motores diésel y pasar los controles de la EPA. Se estima que el software está instalado en 104.000 coches y camiones. El escándalo del fraude de las emisiones de Volkswagen ha incrementado los controles en EEUU sobre las emisiones de los motores diésel. Fiat ha asegurado que “colaborará para una resolución justa y equitativa del caso”.

La última automovilística en anunciar un aumento de su producción en EE UU fue ayer Toyota. La compañía informó de un nuevo plan de inversión, de 600 millones de dólares, en su fábrica en Indiana, para crear 400 nuevos puestos de trabajo en territorio estadounidense. La compañía quiere así incrementar un 10% la capacidad productiva de sus modelos de todocaminos.

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