El Foco

Los líderes políticos que merecemos

Hemos combinado la mezcla tóxica de demagogos y mediocridades. La escena política global es una turbulencia sin control

Los líderes políticos que merecemos

Nací en 1945. En las siguientes siete décadas, he conocido paz y prosperidad. Sin grandes guerras mundiales, sin guerras civiles, sin holocausto, sin ideologías extremistas, sin fanáticas dictaduras sangrientas, sin grandes depresiones económicas, sin grandes disturbios sociales y sin pobreza extrema. Parafraseando las palabras del antiguo primer ministro británico Harold MacMillan de un discurso electoral en 1956, “nunca lo hemos tenido tan bien”.

Como francés, me preocupaba especialmente el motivo del colapso tan humillante de Francia frente al ataque nazi en el año 1940 y la respuesta que solía recibir era que teníamos líderes muy mediocres. Más tarde, leí un libro sobre la Tercera República Francesa y su colapso. Lo que recuerdo, las dos últimas frases: “Teníamos unos líderes políticos muy mediocres. Teníamos los líderes políticos que nos merecíamos”.

Estamos en los últimos días del año 2016. ¡Qué lío político a nivel global! Sobre todo cuando recordamos las olas de optimismo que barrieron gran parte del mundo con la caída del Muro de Berlín en 1989: “un nuevo orden mundial”, el “dividendo de la paz”, el “fin de la historia”, y el entusiasmo con el cual se saludaba la “globalización”. El libre mercado ha vencido y la democracia liberal será la ideología que gobernará.

Las “cosas” están mucho mejor en casi todo el mundo que hace 30 años, no digamos 50 ó 70. Ha habido una dramática reducción de la pobreza y una impresionante mejora global en el tema de sanidad, pero ¡las cosas han salido de manera muy diferente a como esperábamos! Hemos sido testigos de una serie de pasos atrás en las políticas liberales: la globalización se está fragmentando, hay una corrupción galopante en todo el planeta, las demagogias despotrican y vituperan y no es demasiado alarmista sugerir que podemos estar al borde de una guerra.

"Suspiramos con alivio porque el candidato neonazi no ganó en Austria, pero ¿cómo llegó tan lejos?"

El panorama del liderazgo político en 2016 es alarmante. Hoy suspiramos con alivio porque el candidato neonazi para la presidencia de Austria no ha ganado las elecciones, pero ¿cómo llegó tan lejos? Asimismo somos testigos de la dimisión del primer ministro italiano Matteo Renzi y de la incertidumbre política en Roma que persistirá y casi ciertamente debilitará la Unión Europea.

Actualmente hay varios tipos de líderes políticos pavoneándose por el planeta. Están los demagogos que aspiran a tribunas nacionalistas y a menudo xenófobas, entre ellos: Vladimir Putin en Rusia, Donald Trump en EE UU, Narendra Modi en India o Xi Jinping en China, entre otros. La corrupción es una maldición en todo el mundo, ilustrada por “líderes” tales como Jacob Zuma en Sudáfrica, Michel Temer en Brasil o Park Geun-hye en Corea del Sur, entre otros.

En los líderes políticos de la actualidad, se pueden encontrar algunos hombres y mujeres íntegros: Joko Widodo –Jokowi– (Indonesia) y Barack Obama (EE UU). Este último pudo conseguir relativamente poco, debido a la corrupción y al atasco aparentemente intrínseco en el sistema, y Jokowi también se enfrenta a dificultades.

Entre los muchos que no son necesariamente demagogos, el término que probablemente se adecua mejor a ellos es mediocridad. En ese sentido, en Europa hay personas como Mariano Rajoy en España, David Cameron y su sucesora Theresa May en el Reino Unido, Matteo Renzi en Italia, Jean-Claude Juncker en Luxemburgo (y ahora presidente de la Comisión Europea)

En Francia, François Hollande, sumamente mediocre, actualmente ostenta un 4% de “popularidad” y probablemente pasará su legado a François Fillon. No hay absolutamente nada en su perfil que indique unas cualidades de liderazgo en esta compleja edad global. Por ejemplo, creo que nunca ha vivido fuera de Francia y el inicio de su carrera política se produjo con poco más de veinte años de edad y gracias a conexiones familiares. No hay nada en su currículum vitae que le haga apropiado para un alto cargo de responsabilidad en una era global con la excepción de ¡la presidencia de Francia!

En el panorama político global, hay una figura liberal, que sobresale y ciertamente nunca podría ser acusada de mediocre: Angela Merkel (Alemania). No obstante, resalto: la reelección de Angela Merkel el próximo año no es un desenlace asegurado; aunque quizás es la persona adecuada, viene de un país equivocado. Todavía, obstaculizada por la sombra de su pasado, Alemania no está en posición de asumir liderazgo global.

"Obstaculizada por la sombra de su pasado, Alemania no está en posición de asumir el liderazgo global"

Aunque el escenario de la economía global no ofrece mucha alegría, el paisaje de la política global es desde luego peor. Parece que hemos combinado esa mezcla tóxica de demagogos y mediocridades que habíamos visto años atrás. La escena política global es una turbulencia sin control.

Parte del problema reside en que otros agentes tendrían que actuar como guardianes de un orden político liberal, pero prefieren no meterse, miran para otro lado y esperan a que los problemas desaparezcan –algo cierto en la comunidad empresarial. Para mi disgusto, el principal editor de una revista reconocida de negocios me contó recientemente: “no tocamos la política”. Fingen que no existe. La política es un tema raramente tratado en los medios de comunicación de negocios, en los foros empresariales o incluso en las escuelas de negocios. ¿Cuánto tiempo han dedicado los que cursan el máster en administración de empresas a las causas del resultado del brexit o Trump, entre otras perturbaciones peligrosas?

Los hombres de negocios deberían intentar que prevalezca un orden político liberal, inclusivo, equitativo y sostenible. Si no se consigue, el capitalismo y la economía del mercado global no sobrevivirán. El mundo podría hundirse en una condición brutal y repugnante.

En esta era turbulenta y peligrosa, los líderes del mundo empresarial tienen que estar políticamente despiertos y también astutos. Reconozcamos que la mayor parte de nuestros líderes políticos son un grupo funesto, pero, salvo que lleguemos a involucrarnos de forma activa, inteligente, sensata y constructiva, tendremos los líderes políticos que nos merecemos. ¿Cómo explicaremos esto a nuestros hijos y nietos?

Jean-Pierre Lehmann es profesor emérito de Economía Política Internacional en IMD y profesor visitante en la Universidad de Hong Kong.

Normas